El equipo

El equipo

A veces...

Lo más divertido de la vida es el no saber el qué te deparará el futuro, ¿verdad? ~Eria Jumps

(Esta historia es ficticia, o al menos según Junie; Eria aún se opone completamente a esta idea...)

Golden Podium es un proyecto tanto escrito como dibujado que lleva en pie desde 2012. Tenemos una novela, dibujos, tiras... ¡y hasta un Motion Book! #goldenpodiumcomic

21 jul 2026

127. Viviendo un sueño

 Capítulo 127

No estaba dispuesta a darle mucho trote a mi equipo a pesar de que a ellos no les parecía mal ponerse a celebrar, así que decidí dejarles el resto del día libre y vernos con los del H-45 por la noche, en una hamburguesería a la que solíamos ir para montar las reuniones de equipo. Había que ir un poco a hurtadillas para que los entrenadores no nos pillasen y nos mirasen mal por no seguir la dieta de la academia, pero era la mejor opción que teníamos.

La cena fue todo lo tranquila y apacible que pudo ser dentro de lo que se esperaba con Legend y Yureka compartiendo mesa. Cada vez que soltaban un chillido o una risa fuerte, le lanzaba una mirada a Etsu, pero no lo vi molesto en ningún momento: estaba en la otra esquina de la mesa hablando apaciblemente con Tael y la distracción lo mantenía bastante animado.

Sólo por si las moscas, avisé de que nos iríamos antes. Mi equipo quiso protestar, pero a los pocos minutos ya estaban todos contagiándose los bostezos. Después de todo lo de aquel día, quería que se fuesen a dormir temprano.

Caminando de vuelta a la academia, nos apelotonamos en varios grupos para hablar de cosas distintas. Yo me acerqué a Tornado y, durante la charla, nos acabamos quedando rezagados.

-¿Y te dejan participar en este grupo a pesar de lo que tienes? -le pregunté.

-Sí... yo mismo lo pedí. Fue una cabezonería mía, y tampoco me arrepiento: este cacharro es bastante sofisticado. Me lo hicieron los de Golden Podium a medida.

-Y... -dudé antes de indagar-, ¿por qué? Es decir...

-Bueno... -él también dudó- a mí no me importa contarlo. ¿No te voy a incomodar?

Pero yo estaba decidida a escucharle, así que él, tras mi seña, comenzó.

-Correr, ha sido desde siempre mi pasión. Nunca he sido el más rápido, pero podría haberme pasado horas y horas corriendo sin cansarme y sin aburrirme de correr. Por eso, que aquel día de playa con mi familia que parecía tan perfecto acabase así... me pilló totalmente por sorpresa. Al parecer, el coche acabó tan mal que no lo pudieron reparar.

"Reconozco que cuando me desperté estaba desilusionado, pero siempre he sido un chaval optimista. Por eso, tras haber encajado el susto, me sentí un poco más fuerte, y se me ocurrió que quizás pudiera hacer como en las películas y convertir todo aquello en... ¿una bonita historia de superación? Luego me pareció una bobada, pero estaba aburrido allí tumbado en la cama del hospital, y no tenía otra cosa que hacer que reflexionar.

Entonces vinieron a visitarme aquellos hombres de esmoquin. No sabía quiénes eran ni qué querían de mí, pero al parecer llevaban observándome durante un tiempo, incluso antes de todo lo que había pasado. Cuando uno de ellos comenzó a hablar, se me olvidó por completo todo lo malo que abarcaba mi situación. Acepté su oferta sin pensármelo dos veces, desbordado por la emoción.

El trato que me ofrecieron me pareció más que justo: si yo me unía a Golden Podium, ellos se encargarían de amortizar todos los gastos necesarios para que yo volviera a correr. Y así, tras una serie de apaños a los que me adapté sin problemas, acabé firmando el mejor acuerdo al que he llegado en toda mi vida."

Cuando terminó, me di cuenta de que no sabía qué responder. ¿"Debió ser duro"? ¿"Menuda historia"? ¿"Parece una película"? Después de unos segundos de silencio, Tornado detuvo mi rápido movimiento de ojos con una risa que rompió el hielo.

-A esto me refería con lo de que no quería incomodarte.

-¡No, no me incomodas! -agité las manos-. Simplemente estaba... pensando.

-Ya, es todo surrealista -me ayudó-, pero no quiero que nadie se compadezca de mí. Lo que quería decir era que, no sé... Estoy viviendo un sueño. Y todo gracias a Golden Podium.

-Sí... miré a los demás con nostalgia-. Yo también estoy viviendo un sueño, pero...

-¿Pero?

Le conté por encima lo que había pasado con mi abuelo y algunas de mis inquietudes. ¿Y si acababa como él? ¿Y si alguien de mi equipo acababa como él?

-Es curioso -reflexionó-. Para ti Golden Podium es una bendición, pero también es una maldición.

-¡Sí, es exactamente eso! Da gusto que lo hayas entendido tan bien.

-Bueno, sólo trataba de verlo desde mi perspectiva. Y, respecto a ese asunto que te preocupa... -miró a mi equipo y, después, al suyo-. Quizás no soy el más adecuado para decirlo porque no soy el capitán de mi equipo, pero si tú quieres estar aquí y los demás también, yo seguiría adelante. Hay que pensar en lo que uno puede ganar y no preocuparse por cosas que no han pasado, ¿no? No podemos saber lo que nos va a traer el futuro.

-Claro -miré a su equipo y, después, al mío-. Acabo de recordar algo que yo solía decir. Cómo puedo ser tan idiota...

-Venga, no te machaques así. ¿Qué pasa?

Contemplé a todo mi equipo: Mia, Jetwick, Imala, Etsu, Mirta, Teck, Bobby y Delmet. Esos eran ellos. Luego, me giré a él y le sonreí.

-Que ir descubriendo el futuro viviendo el presente es, en realidad, la forma de la que me gusta vivir -me reí, posiblemente de mí misma-. Porque no saber lo que te va a deparar el futuro es, o eso creo, lo mejor que tiene la vida.

126. Inexplicablemente resistente

 Capítulo 126

Allan y Tornado chocaron lateralmente, pero Tornado se mantuvo sin ceder ni un ápice. Oí la tela de la pernera de Tornado rasgarse tras rozar con la de Allan y, cuando no pudo oponerse más a la fuerza de nuestro aliado, tropezó y cayó al suelo tras absorber el rebote de su propia fuerza.

Di un respingo, pero Allan no tardó en levantarse: se sacudió un poco el polvo y las rozaduras y siguió, sin la más mínima muestra de queja en su expresión. ¿Le ayudaría también su habilidad a lidiar el dolor?

Ridley hizo un gesto de frustración con el puño, se dio la vuelta y desapareció.

-Vale... eso ha sido muy raro -dijo Bobby, refiriéndose a Allan-. ¿Qué se supone que tiene ese chaval?

-Creo que es algún tipo de resistencia, pero no sabría decir cuál -respondí.

-Efectivamente -confirmó Teck-. Oí que había alguien en la academia con esa habilidad, pero me pareció tan macabro que no me lo creí.

-¿Qué habilidad?

-"Inmunidad", así la llaman, pero yo la llamaría "anestesia".

-¿QUÉ? ¿Significa eso que su habilidad consiste en no sentir nada? -puse los ojos como platos, y no fui la única-. ¡Eso es muy peligroso! 

-Bueno, como todo lo que hacemos aquí -se encogió de hombros-. Pero eso es algo que nos caracteriza mucho a los de Golden Podium: nos gusta meternos en el foco del peligro. Supongo que este chico no es la excepción.

Seguía sin sonarme bien. ¡Era demasiado macabro! Por mucho que no notara el cansancio, algo tendría que afectarle, ¿no?

-¿Qué excepción? ¡Ridley podría estar utilizándolo!

-Bueno, puede que sí -reflexionó Mirta-, pero, al igual que nosotros, ha venido a verlo. Sé que no solemos pensar bien de él, pero por algo será que lo ha hecho, ¿no?.

-Yo sí que creo que lo está usando, pero no es problema nuestro -rio Teck, buscándose las protestas de Mirta.

Fijé la mirada en los chicos mientras se alejaban pensando en que, por muy loco que sonara, Mirta tenía algo de razón. ¿Por qué si no habría venido Ridley a acera contraria? Además, después de verlo con su equipo cuando le gané en arborismo pude comprobar que, por tirano que fuese con nosotros, se sentía cómodo con los suyos, aunque sabía que si se lo contaba a mi equipo no me creerían.

-Bueno, ¿qué ha pasado con Tornado? -lo busqué en la lejanía -he de reconocer que nos ha salvado, pero el arañazo que le ha hecho Allan en la pierna le ha debido doler, por muy resistente que sea. Estoy algo preocupada por él.

Se hizo un silencio un poco raro. Alguien soltó una risita, no supe quién.

-Es impresionante que seas tan observadora para algunas cosas y que no te enteres de otras más obvias cuando te lo propones -se rio Teck.

-Algo de razón tiene -lo respaldó Bobby antes de que pudiera protestar-. ¿Qué te parece si vamos a recibirlos en la línea de meta y te lo explicamos todo allí? Total, Tornado nos acaba de hacer todo el trabajo.

Me encogí de hombros y asentí. Había sido un día muy largo y quería ponerle fin, descubrir a qué venían los secretismos y reunirme con los dos.

La meta no estaba demasiado lejos del punto, así que pudimos ir andando. Y menos mal, porque ya había tenido suficientes viajes en furgoneta por el momento. Delmet y Etsu ya estaban por allí; habían calculado tan bien los tiempos que casi parecía que nos hubieran leído la mente, y traían consigo un montón de cosas que servirían como avituallamiento. Habían encontrado un hueco para todos muy cercano al arco de la línea de meta, así que seríamos visibles.

Vi a cierta distancia una deslumbrante melena de un rubio cobrizo que me resultó familiar. Me imaginé que sería Zenas.

Entonces, llegaron.

Jetwick ya no parecía tan cansado y Tornado ni cojeaba. Levantaron la vista, se dieron la mano, las levantaron y, con un último acelerón que Allan no pudo alcanzar, cruzaron primero mirando hacia nosotros y después hacia la dirección en la que me había parecido ver a Zenas.

Silbamos y gritamos. No sólo íbamos recibir una buena cantidad de puntos, sino que habíamos quedado iguales, ¡y por delante del D-32!

Pasar a donde estaban fue complicado y tuvimos que esperar un poco para reunirnos con ellos. Durante la espera, el resto del H-45 apareció.

-Iban tan rápido que no había forma de pillarlos, ni con atajos. ¿Cómo habéis conseguido un sitio tan bueno?

-Ah... -miré a Teck-, nos han ayudado un poco, pero esa es otra historia. ¡Mira, ahí están!

Salí disparada a abrazar a Jetwick; no soy muy cariñosa, pero ese día había sido tan estresante que me sobraban los abrazos. 

-Lo has hecho genial.

Jetwick trató de mover las manos para responder a mi gesto, pero lo tenía agarrado tan fuerte que le era muy difícil saber lo que hacer. Cuando le solté, bajó la cabeza en agradecimiento, todo sonrojado, como era habitual en él.

Después, mientras mi equipo lo saludaba y jaleaba, me dirigí hacia Tornado con cierto aire de preocupación.

-¿Estás bien? Vi cómo el chico del D-32 te arañaba la pierna y...

-¡Ah! ¿Ésta?

Se golpeó la pierna con los nudillos con tan poca delicadeza que el sonido de los golpes me alarmó, cosa que se me debió notar en los gestos de las manos.

-¡Tranquila, Eria! -rió Tornado indicándome con un gesto que me relajara-. No es fácil tumbar a alguien como yo. Deja que te haga un pequeño resumen...

Cuando Tornado se levantó la pernera del pantalón con una miradita circunstancial que pretendía hacer la gracia, lo entendí todo. Por favor, ¿pero cómo no me había dado cuenta antes? Me enredé en una serie de justificaciones y disculpas absurdas que hizo que varios de los presentes rompiesen a reír.

-Sí, da un poco de grima, pero después te acostumbras -la miró Bobby de refilón.

-¿Cómo que grima? -sonrió Tornado con malicia-. Sólo es una prótesis. A Eria no le da nada de grima, ¿verdad? ¿O es que quieres verla más de cerca, Bobby?

-No, gracias -lo rechazó Bobby con firmeza.

-¡Yo si quiero! -exclamó Delmet. Para matarlo.

Mientras se gastaban bromas entre ellos, me di un tiempo para procesar esa nueva información. Claro, con ella había un montón de cosas que anteriormente no me cuadraban, pero que habían cobrado sentido.

-Bueno, esto habrá que celebrarlo, ¿no? -Zenas le dio a Tornado una palmada en la espalda y, a continuación, me miró a mí-. ¿Qué decís, F-06? ¿Os apuntáis a hacer algo todos juntos?

125. Una de las rectas finales

Capítulo 125

-¡Del, estás bien! -Mirta lo abrazó, sin importarle que estuviera empapado de haber llevado su ropa habitual bajo el traje-. Pero... ¿y tu ala delta? 

-La hemos escondido en la playa para que nadie la encuentre -sonrió con suficiencia-. Y bien, ¿te cuento todo lo que me ha pasado en el mar? Mira, todo empieza...

Las batallitas iban a durarle un rato, eso seguro. Me sorprendía que aún le quedase aire para hablar tanto después de su número de escapismo y de haber recorrido un trecho más largo del que esperaba.

-Gray pasó por aquí hace no mucho -explicó Teck-. Estaba un poco hecho polvo, pero es normal después de todo lo que lleva corriendo. Ese tal Allan le va pisando los talones, pero con nosotros delante no se ha atrevido a hacer nada raro. Tampoco hemos visto a Ridley.

-Eso es bueno -me alivié-. ¿Y qué hay de Tornado? ¿Está aquí? ¿Y... está bien?

-No, se fue cuando pasó Jetwick, pero no le había pasado nada -me contó Bobby-. Total, ¡cayó sobre la pierna buena! No se hizo ni un arañazo.

-Me alegro mucho, pero no entiendo lo que dices de la pierna buena. ¿Es algún tipo de expresión?

Todos se quedaron mirándome hasta que empecé a sentirme incómoda.

-Yo creía que lo sabías, Eri. No lo sé desde hace mucho, pero pensaba que era la última.

-¿Saber qué, Mia?

La radio nos interrumpió. Un momento: si Legend no era, ¿entonces...?

-¡Hola, hola, capitana del F-06! ¿Nos oyes?

¿Tornado? ¡Ah, claro! debía ir con Jetwick, porque se le escuchaba a través de su micro.

-¡Hola, te recibo! ¿Te han tratado bien mis chicos?

-Sí, aunque cuando vi aquella furgoneta misteriosa pasar por mi lado pensé que me iban a secuestrar, no te voy a engañar -rió-. ¡Pero aquí estoy, continuando la carrera con vuestro compañero! Ah, y que sepas que tu equipo no me ha llevado ni un kilómetro; no quiero que me coloquen en la Sala Pétrea.

-Te veo muy hablador para los kilómetros que lleváis -dije con ironía. Además, tal y como me habían mencionado, a pesar del accidente, Tornado no parecía afectado; de hecho, seguía igual de alegre y jovial que de costumbre.

-Bueno, se supone que aguantar es mi especialidad, y en una carrera como esta, donde dan tanto margen para terminar con la excusa de que somos muy pequeños, voy de lujo.

Tornado era perfecto para la prueba; probablemente quedase en muy buena posición. Me tranquilizaba que llevase a Jetwick con él, más aún en la parte más dura de la prueba.

-¡Seguiremos informando! -se despidió, cortando la conexión del micrófono.

Asentí satisfecha al ver que ya podía darle las siguientes instrucciones al equipo. Agradecía que, a pesar de mis decisiones, las cosas hubieran salido adelante.

-Bueno, chicos, este intento de seguimiento a nuestro candidato ha sido desastroso -reí, pensando en todo lo que nos había pasado en tan sólo aquel día-. Pero nos queda un tramo importante: la recta final.

-¿Y es literalmente la recta final? -levantó la mano Bobby.

-Bueno, sí y no: es una de las rectas del final -puse los ojos en blanco; muy agudo-. Digamos que es un tramo sin vigilancia cercano a la meta donde seguramente Ridley tenga pensado sacar su as de la manga. Allí es donde nos vamos a colocar.

-¿Y cuál es el plan? -preguntó Mirta.

-Pues... no tenemos -oí un rumor entre los compañeros-. Como no sabemos lo que va a hacer, no podemos preparar nada, pero confío en vosotros para detenerlo a tiempo, tal y como hicimos con los globos de agua.

Mia, Bobby e Imala asintieron satisfechos.

Y eso hicimos. Ocultamos la furgoneta, y, todos menos Etsu y Delmet, a quienes les di la orden directa de quedarse (no sin que Delmet protestara) llegamos hasta dicho tramo. Esperaba que Delmet lo de diera mucho la brasa a Etsu.

-Deberían estar aquí en cuestión de unos diez minutos -Teck miró su reloj-. Mira, Eria, parece que tenemos visita.

Sí: Ridley. Allí estaba, justo en la acera de enfrente. También miraba su reloj, así que probablemente estuviese esperando a su compañero. Era la primera vez que no lo veía tan pendiente de mí.

¿Y si no hacía nada? Ridley y yo no dejábamos de estar al mismo nivel. Igual ese día no le apetecía buscarme las cosquillas, pero no podía fiarme: no dejaba de ser Ridley.

En cuanto me vio, bajó de nuevo la cabeza a su reloj, sonriente. Intentaba hacerse el loco pero, al mismo tiempo, me hizo saber con su gesto que me estaba viendo claramente.

-¡Eria, aquí vienen!

Ahí estaban: Jetwick y Tornado, uno escuchando con una sonrisa y el otro contándole cosas muy animado, creo que no me hace falta especificar quién. Jetwick, al verme de vuelta, se le iluminó la cara por un momento para luego bajar la mirada. Iban a buen ritmo gracias a su mutua compañía, pero el tal Allan, el de las pecas y aspecto endeble, iba detrás.

Me fijé con especial atención en él: tenía la mirada perdida y estaba sudando, pero su ritmo era constante y bastante ligero; casi no parecía cansado. ¿Cómo lo haría? ¿Haciendo trampas? No... no podían arriesgarse a adelantarle pasos.

Entonces tuve una corazonada: ¿y si estaba cansado, pero era capaz de lidiar con ello de alguna forma que yo no comprendía?

-Eri... -Mia señaló su tobillo con el dedo tembloroso. Algo que yo pensaba que era una tobillera ancha normal asomaba a través de su pernera, pero en cuanto recordé que Allan venía del D-32 me vi venir los tiros.

-¡Jetwick! -todo el equipo se sobresaltó con mi tono de voz-. ¡Jetwick, detrás de ti!

Jetwick trató de procesar lo que trataba de decirle, pero estaba algo fatigado como para que sus reflejos no le traicionasen. Allan, mientras tanto, empezó a acercarse a ellos, cada vez respetando menos las distancias y tratando de buscarse un hueco en paralelo. Sabía que estaba a punto de pasar algo malo, pero no me atreví a quitar la mirada del tobillo de Jetwick.

Entonces Tornado lo comprendió. Tiró de Jetwick, lo empujó y sustituyó el tobillo de Jetwick por el suyo. Me tapé los ojos... pero lo que ocurrió fue, de alguna manera, inexplicable por lógica.

124. Frentes abiertos

Capítulo 124

-¡¿Qué?! ¡No fastidies! -exclamó Teck. Ni corto ni perezoso, acercó la cabeza y me arrebató el instrumento de un tirón, sin dejar que me quitara la cinta del cuello-. ¿Del H-45? ¿Estás segura de que es él?

-¿Quién si no iba a ser? -tiré de la cinta, ofendida, y dejé los prismáticos donde estaban. -Genial, ahora también Tornado. ¿Quién más se une a la fiesta?

-Eri, ¿estás enfadada? -Mia ladeó la cabeza.

Respiré hondo. Ya veía muy cerca la playa desde la carretera y, tarde o temprano llegaría la bifurcación en la que tendría que decidir lo que hacer. ¿Podría llegar la furgoneta hasta la playa o habría demasiada arena y se quedaría atascada? ¿Era conveniente alejar más aún la furgoneta de Jetwick o Ridley? ¿Y qué pasaba con Tornado? Era nuestro amigo, ¿pero era también nuestra responsabilidad?

-¡Agh! -alargué la primera A-. Id a por Tornado. Creo que puedo llegar hasta Delmet desde aquí.

-¿Qué? -Mirta abrió los ojos-. ¿Tú sola? No; voy contigo.

-No, iré yo sola -no era eso lo que quería decir, pero quería mantener a Mirta al margen, porque sabía que se llevaba mal con la preocupación por su amigo-. Es decir... sí, iré, yo. Vosotros id a por Tornado.

Miré a Bobby, recordando que solía huir de Tornado en el aula.

-No te importa que lo rescatemos, ¿no?

-¡Ah, claro que no! Ya no -arqueé una ceja-. Es decir, me chinchaba mucho antes, pero ya... Ya os explicaré.

-Ajá. Bueno... ¡Jetwick! -activé el auricular-. Hemos tenido un percance; bueno, un par, pero no tardaremos en solucionarlo. Si ocurre algo en carrera, avísanos igualmente, ¿vale?

Carita sonriente.

-Vale, pues... voy a abrir la puerta. Nos vemos.

Salí precipitadamente en cuanto la furgoneta paró. Algunos miembros del equipo trataron de decir algo, pero no les di tiempo para hacerlo.

Me deslicé colina abajo, con la vista en el mar. Todo el mundo estaba en la ciudad, así que aquella playa estaba desierta.

La situación de Legend era mucho más peligrosa de lo que estábamos considerando teniendo en cuenta que su querido armatoste podía arrastrarlo hacia abajo, pero le habían pasado tantas cosas y todas le habían salido bien... Traté de no pensar mucho en los detalles.

Una vez en la orilla supe que, efectivamente, me había precipitado al ir sola. Sí, había sido muy cómodo a la hora de bajar la ladera, pero ¿qué debía hacer ahora? Si le pasaba algo, ¿qué haría, sabiendo que la decisión la había tomado yo? No, otra vez esa sensación no...

Todo me abrumaba y la presión me hacía querer estar sola. ¿Habría sido muy egoísta?
Avancé por la costa, alerta a cualquier estímulo. Tenía que encontrarlo antes de que se hundiese, y necesitaba que él me diese todo el tiempo que pudiese darme.

"Legend, aguanta. Por favor".

Y, entonces, algo se movió y, por debajo, una silueta emergió desde las profundidades hasta la superficie. ¡Ahí estaba!

Me metí en el agua sin pensar, y me arrepentí en cuanto alcanzó mis rodillas, pero, afortunadamente, Delmet no estaba muy lejos. Parecía muy fatigado para ser una persona a la que le sobraba tanta energía y arrastraba como podía lo que debía ser su ala delta.

-Uf, capitana... tendrías que haberme visto -sonrió triunfante. Sus pasos eran tan torpes que temía que se cayese, así que extendí las manos hacia sus hombros y, cuando lo tuve cerca, le tendí la mano y tiré de él.

-Ya me lo contarás, pero primero vamos a sacarte a ti y a todo esto del agua.
El trasto pesaba lo suyo. Todavía me parecía increíble que Delmet hubiera aparecido allí caminando por su cuenta.

En cuanto salió del agua, se tiró a la arena y se quedó tumbado boca arriba, sonriendo satisfecho. Me senté a su lado, tratando de procesarlo todo, pero me seguía pareciendo increíble.

-¿Cómo...? Es decir, Estabas...

-Increíble, ¿verdad? -se rió-. Ni siquiera yo sé cómo he llegado hasta la orilla, pero ya sabes: se supone que soy el experto en estas cosas, y este era un ejercicio de escapismo en toda regla: había cuerdas, no sabía dónde estaba la superficie... ¿Te lo cuento? Venga, sí; te lo voy a contar.

Cómo no, no perdía la oportunidad de contar una batallita cargada de ficción. Normalmente lo mandaba callar antes de que empezase, pero, por primera vez, lo dejé hablar. Luego tendría que echarle la bronca por no revisar bien su material antes de utilizarlo, pero por el momento podía dejarlo hablar. Además, algo me decía que aquella historia tenía menos ficción que las habituales.

-La verdad, no sé cómo lo has hecho, pero has conseguido llegar a la orilla tú sólo. No es algo de lo que cualquiera pueda presumir, ya te digo, y menos mal.
Él se rió, esta vez como si le hubiera contado un chiste muy bueno, y entonces regresó mi dinámica habitual con él.

-Qué te parece tan gracioso -lo fulminé con la mirada.

-Pues... que te preocupes así por mí.

La ira se me vino abajo.

-¿Cómo?

-Sí, sueles tratarme distinto -justificó-. Normalmente me miras mal o me amenazas, como a un bicho molesto que tuvieras detrás de la oreja, pero sé por qué lo haces: para que aprenda. Eres como Tank: me tratas como a un inútil para que me mejore a mí mismo.

Fui abriendo los puños. En realidad, lo trataba así porque a veces no lo tragaba, pero no podía negar que buscaba constantemente sacar algo bueno de él al igual que hacía con todos los demás. Y cómo negarlo: Delmet era bueno en lo suyo, y muy bueno, pero no se lo iba a decir.

La cosa era que nunca me había planteado que él me percibiera así de gruñona con él, más que nada porque siempre me tenía en un pedestal. ¿Pero por qué me sorprendía tanto eso? Claro que él se daba cuenta de mi actitud; toda acción, como se suele decir, tiene sus evidentes consecuencias.

-De hecho, estoy aprendiendo mucho más que el año pasado -continuó-. Creo que es por eso que no me importa ser subcapitán: porque, tal y como pensé cuando renuncié al puesto, eres dura, y quería verte en acción.

Le evité la mirada. ¿A qué venía tanto cumplido? Tal y como él decía, tampoco había sido tan agradable con él como para que me siguiera teniendo tan alto, con lo que me pasaba con él.

Pero... sí, me había preocupado más de lo que iba a reconocer. Era cargante, ruidoso y muchas veces resultaba un estorbo, pero era parte del equipo y lo necesitábamos dentro, al igual que a Etsu y a los demás. Quería protegerlos a todos en la medida de lo posible. Además, yo también había aprendido alguna que otra cosa de él, sobre todo durante el día en el que nos conocimos. Tampoco pensaba decírselo.

- ¡Bueno! -me estiré-. Me alegro de que te esté sirviendo de algo, supongo. Ahora que hemos descansado un poco, ¿te ves preparado para seguir con esto?

- ¡Claro, yo siempre estoy listo! -quiso levantarse de un salto, pero le salió una croqueta un poco torpe-. Bueno, ¿adónde tenemos que ir?

-A la ciudad. Creo que lo que está pasando te va a resultar... interesante.

123. Baches y accidentes

Capítulo 123 

Mi deber como capitana era proteger a mi equipo, o eso deducía. Pero, ¿qué pasaba cuando no era capaz de hacerlo? La pregunta en sí no tenía una solución que sirviera para todo, y eso me dejaba con un vacío incómodo en el estómago: siempre había sido un alma libre hasta entrar en la academia, una con pocas responsabilidades sobre los demás. Y, desde que fui elegida capitana, había pasado de ese extremo al contrario, pero gente como Delmet me había enseñado que no podía proteger a todo el mundo. 

¿Pero qué había de Etsu? Apenas se metía en líos, pero era igual de vulnerable que todos los demás. A cualquiera del equipo le podría haber pasado algo. ¿Qué podía hacer yo ante algo así? ¡Jolines! Empezaba a entender por qué todos estaban tan preocupados cuando Ridley había intentado arrastrarme a las profundidades, y no tenía nada que ver con ser fuerte o débil.

-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? -me di cuanta de que quizás me había venido arriba haciendo preguntas, así que traté de serenarme y bajé un poco mis manos inquietas.
-Ah, sí -se dio la vuelta, sonriente y apacible. Parecía muy tranquilo, pero no pude evitar tensar los hombros y aspirar entre dientes cuando vi que uno de los cristales de las gafas se le había resquebrajado.
- ... -levanté un poco la mano, como si las gafas fueran mías y, lentamente, tratase de quitármelas.
-Ah... -miró hacia ambos lados, como si mi reacción lo hubiera despistado, y se acercó un dedo a las gafas-. Sí, esto... Un golpe sin importancia, nada más.
-¿Seguro que no tiene importancia? ¿No deberíamos avisar a alguien?
-¡Seguro! -no paraba de sonreír, como si le hiciera mucha gracia mi nivel de preocupación, pero se llevó una mano a un lado de la cabeza, observando las gafas que sostenía con la contraria-. Bueno, aún duele un poco y me encuentro algo mareado, pero eso es todo. Aunque, claro, si soy el estratega, pero no puedo pensar... Supongo que eso me deja inútil.
Ciertamente, Etsu parecía un poco desorientado. Para ser el friki de diccionario que todos conocíamos, no parecía muy resuelto con las palabras y titubeaba un poco más que de costumbre.
-No digas esas cosas -lo miré con irritación-. Sois mi equipo, no herramientas ni nada por el estilo. Ni siquiera yo estoy al cien por cien siempre; ¿qué tiene de malo que no puedas estarlo tú hoy?
-Es cierto...  cosas de perfeccionistas -se encogió de hombros-. Pero eso haría que haya más responsabilidad sobre ti. A decir verdad, me siento un poco culpable...
-¡Qué dices! En todo caso, la que debería sentirse culpable soy yo, que soy vuestra capitana. Menudo susto me habéis dado con tanto secretismo.
-Bueno... -titubeó-. Ya sabes cómo es Teck; es más sensible de lo que quiere admitir. Respecto a lo de sentirte culpable... toda la situación ha sido un accidente. No diría que es culpa tuya, por muy responsable que quieras hacerte de ella.
-Sí... -miré al horizonte y después a la furgoneta-. Supongo que tienes razón. Pero se acabaron los secretismos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo -asintió con una sonrisa.
-Sé que no es algo normal en mí, pero ¿puedo darte un abrazo?
-Sí que no es normal en ti, pero te lo permito -contestó con timidez.
Y lo abracé, porque verme tan cerca de que pasara algo malo había hecho que lo necesitara.
Fuimos hacia los demás, procurando ir tranquilos para que todos pudieran ver que las cosas estaban bien. Era un alivio que el problema sólo hubiera sido ese, pero dejar a Etsu incapacitado seguía siendo un inconveniente, porque eso nos dejaba sin estratega.
Estaba volviendo a la furgoneta cuando oí un estallido tremendo procedente de la ciudad.
-¡Eria, Etsu! ¡rápido!
Nos apresuramos como pudimos y subimos. No, más problemas no...
-¿Qué ha pasado ahora? ¿Qué ha sido eso?
-Creemos que un derrumbe -me informó Bobby, señalando una nube de polvo en un punto de la ciudad mientras Teck trasteaba con la radio, soltando exclamaciones en voz alta para probarla mientras se ajustaba los cascos. Miró a Mirta -ah, y cómo decirlo... bueno, lo digo: también pasa que a Delmet lo han saboteado.
-Cómo que lo han... Esperad, mirad allí.
Algo muy grande comenzó a caer en diagonal hacia la playa, cada vez más cerca del mar. ¿Sería? No, me negaba a creer que esa sensación estuviese volviendo otra vez.
-Vamos a ver, calma -dije en voz alta, más para mí que para los demás -entonces tenemos un derrumbe en la ciudad y a Legend en el mar. ¡Jetwick!
Tras unos segundos larguísimos, obtuvimos respuesta del led. Me calmé, pero no respiré más despacio.
-Vale, vale, Jetwick está bien, pero Legend... Entonces la prioridad... -quise recurrir a Etsu, pero cuando lo vi con los dedos sobre la sien tratando de procesar la situación, recordé el problema y le hice un gesto para que dejase de pensar-. Teck, ¿hay algún punto que nos deje a la misma distancia de ambos puntos... o algo así?
-Bueno, tanto para llegar a un sitio como a otro hay que bajar por la carretera, así que quizás allí...
-Perfecto: vamos hasta allí.
Nos pusimos en marcha a todo trapo y sin dilación alguna. Todo era tan complicado... Teníamos que rescatar a Delmet cuanto antes, pero todo apuntaba a que eso era lo que Ridley quería que hiciéramos, y eso dejaría sin cobertura a Jetwick. ¡Maldita sea!
A más nos acercábamos, mejor se veía lo que se había derrumbado: era un lateral de un puente de piedra. No estaba muy alto, pero sí cerca del lugar por el que pasaban los corredores. ¿Sería Ridley el responsable? Estaba frita por echarle la culpa, pero también entendía que no todo suceso desafortunado tenía que ver con él.
-¡Eh, eh! ¡Mirad allí! -señaló Mia.
Me fijé en el punto hacia el que miraban mis compañeros justo a tiempo para ver cómo alguien a quien no identifiqué caía bajo el puente rodando por el suelo. No había sido una caída tremenda, pero menudo susto se había tenido que llevar. Cómo lo comprendía.
-¡Alguien acaba de tener un accidente! -Mirta se llevó las manos a la cabeza.
Todo el equipo, agitado, comenzó a murmurar.
-Que no cunda el pánico -observé con atención al accidentado-. Apenas hay unos metros de caída y aún tenemos que ir a por Legend, así que seguro que estará bien. Teck, ¿tienes prismáticos?
Me colgué la cinta del cuello. En cuanto pude ver con detalle la escena y hube identificado al caído, me quedé con la boca abierta.
-No...
-¿Qué pasa, capitana?
Dejando unos segundos de margen y bajé los prismáticos con la mirada perdida.
-Es Tornado.

122. Dueños de las carreteras

Capítulo 122

Teck giró bruscamente el volante, haciendo una maniobra demasiado arriesgada, evitando como pudo a los motoristas.
-¿Q-qué habéis hecho? - nos gritó, frenético, mientras Bobby se disculpaba una y otra vez.
-¡Ya te lo explicaremos! ¡Tú acelera!
Teck tomó las curvas de las calles con más habilidad de la que cabría esperar con una furgoneta. El par de motoristas que nos seguía zigzagueaban detrás de nosotros, tratando de colocarse en paralelo con maniobras de dudosa legalidad. Por todo lo que rodeaba la situación, debían ser más jóvenes que el motorista promedio, e imaginaba que lo que buscaban era salirse con la suya.
Una de las motos se pegó a nuestro costado e intentó aproximarse lo máximo posible. Para evitarlo, Teck frenó, lo dejó atravesar la carretera de un lado a otro y volvió a acelerar, esta vez a todo lo que daba.
-Si los tiro, me meteré en un problema -apretó los dientes-. Tenemos que alejarnos de la competición. ¡Agarraos!
Los dejamos atrás. Imala no tuvo otra que bajar una ventanilla, sacar el arco y disparar una flecha con efecto.
-¡Imala! -la reprendí, pero me mordí la lengua al ver cómo el lugar al que apuntaba no era el casco de los motoristas, sino uno de los globos que había el la fachada de un edificio, sujetando una cinta decorativa que habían colocado allí para el evento. La cinta se soltó y uno de los motoristas tuvo que evitarla de un manotazo, para lo que tuvo que frenar.
-Esto... ¡Bien hecho! -la felicité, pero traté de centrarme mientras ella cargaba una segunda flecha. Intentó apuntar a las ruedas, pero sus movimientos en ese lo hacían todo muy difícil-. Etsu, ¡necesitamos un plan!
-Necesitamos dirigirnos hacia las afueras -informó, deslizando el dedo sobre su teléfono desde el asiento del copiloto-. Tenemos un plan, pero supondrá tomar un alto porcentaje de riesgo.
-Estamos preparados -se aferró Teck al volante, sin dejar que nadie más dijera nada.
Seguimos avanzando. ¿Cómo podíamos ir tan rápido? Seguro que Teck le había hecho algo al motor, o quizás las motos tenían pinta de ser más potentes de lo que en realidad eran, lo que era posible a juzgar del estado en el que habíamos encontrado la que había tirado Bobby. Como fuera, podríamos mantener la delantera durante un rato, pero si no los despistábamos nos alcanzarían. Todo dependía de la maniobra que tenían entre manos aquellos dos y, a juzgar por su seriedad, podía salir muy mal si no nos centrábamos. Ya notaba el corazón golpeando mis costillas.
Cruzamos un túnel hasta llegar a una colina. Ya estábamos bastante alejados de la competición, pero habíamos subido lo suficiente como para dejar a nuestra izquierda unas vistas bastante amplias de la ciudad. A nuestra derecha, entre nosotros y el mar, teníamos una ladera irregular y ningún quitamiedos que nos separase de ella. Por último, frente a nosotros había un puente del cual colgaba de un par de cables delgados una pancarta rectangular que podría cubrir a varias personas que anunciaba el evento de hoy. Entonces, vi claramente lo que tenía que ocurrir.
-¡Imala, la pancarta! -ordené.
Tan pronto como oyó mis instrucciones, Imala dirigió su arco hacia los cables y, justo antes de entrar en el túnel, comenzó a gastar sus flechas. Por mí mejor; así no tendría que pedir que las reemplazara...
La tensión siguió aumentando. Un disparo: El cable se aflojó; otro más: se soltó. Necesitábamos ir más deprisa...
-¡Rapido, Imala, RÁPIDO!
Y ella, tensando el arco hasta su límite, destruyó el último cable, dejando la tela caer mientras nos adentrábamos en el túnel.
-Necesito que os agarréis muy fuerte -Teck bajó la cabeza-. ¿Listos?
Asentí. A nadie más le dio tiempo a responder.
-¡VAMOS ALLÁ!
Y, nada más salir del túnel, Teck se desvió de la carretera y nos vimos en el aire.
Noté cosquillas en el estómago. ¿Qué estaba pasando? Tomé aire y, a través de las ventanillas, vi bajo nosotros una carretera más ancha, perpendicular a la que habíamos dejado sobre nosotros. Habíamos tomado tanto impulso que ni tocábamos la ladera.
Entonces, aterrizamos estrepitosamente.
Todo lo que había dentro de la furgoneta se revolvió con violencia. Me agarré como pude y traté de mantenerme firme para no chocar mi cabeza contra la de nadie, pero mi envergadura no me libró de moverme de un lado a otro como si varias personas a la vez tirasen de mis hombros. Me doblé hacia delante tratando de luchar contra toda aquella fuerza y, entonces, todo paró de golpe.
Mi cabeza dio un topetazo contra el reposacabezas. Ay...
Hubo unos segundos de silencio. La furgoneta estaba detenida completamente en mitad de aquel carril desierto y sólo se nos oía respirar mientras el motor, de fondo, trataba de bajar revoluciones como si lo hubiera pasado igual de mal.
Oímos zumbar a las motocicletas sobre nosotros, cada vez más lejos. Por fin...
-Estáis... ¿estáis todos bien? Preguntó Mirta, mirando a su alrededor.
-Yo sí, o eso creo... -me froté la nuca, viendo alrededor las caras conmocionadas de todos los que íbamos detrás-. ¿Teck?
-¡Gah! -dio un golpe contra el volante con la mano floja-. Pensé que no lo contábamos. ¿Verdad, Etsu?
Etsu no respondió.
-¿Etsu? -pregunté, un poco asustada.
Él meneó la cabeza, la dirigió hacia Teck y volvió a mirar al frente.
-¿Todo bien? -le preguntó Etsu.
Etsu contestó con una respuesta larga y serena, pero el tono de su voz y su posición en los asientos de delante le bajaban el volumen y no me dejaba entender lo que decía. Teck, igual de bajo, le lanzó algunas preguntas inaudibles a las que él respondió con brevedad.
-Vamos a hacer una parada en el mirador -anunció Teck, tomando los mandos de nuevo y saliendo del carril-. Será sólo un momento.
Paramos cerca del mirador (un sitio alto con vistas a un acantilado, cómo no). Aún con un poco de tembleque, salí de la furgoneta y me reuní en círculo con todos, dejando que ellos dos hablasen aparte sin dejar de vigilarlos, lo cual me servía de poco: ambos me daban la espalda.
-¿Nadie está herido?
-De milagro -se estremeció Bobby, y todos le dieron la razón-. ¿Has visto cómo nos seguían? Estaban mal de la cabeza.
-Pero Imala ha hecho un buen trabajo -ella bajó la cabeza solemne. Me ahorré el comentario sobre el material de sus flechas-. Buf... Me alegro de que haya quedado en un susto.
-Sí, yo estaba muy asustada -reconoció Mia con los ojos vidriosos, pero sacudió la cabeza-. ¿Crees que Etsu también?
-Agh -me rasqué detrás de la cabeza, justo donde me había dado el golpe, que por suerte no parecía nada grave-. No lo sé, pero tengo que hablar con él. No le veo buena pinta a esto.
-¿Y qué hacemos nosotros, capi?
-Vigilad la furgoneta; Jetwick o Delmet podrían darnos mensajes en cualquier momento -chasqueé la lengua. El alias de Delmet era tan poco elaborado que, a más lo decía, más me costaba pronunciarlo sin que me diese vergüenza ajena.
El grupo asintió. Entonces, busqué el punto en el que estaban los otros dos y me dirigí a ellos. Teck al oír mis pasos, se giró hacia mí con una sonrisa deslumbrante, pero no me creía que hubiera dejado atrás los nervios tan rápido.
-¡Ah! Os dejo solos. Necesito volver a lo mío, informar a los demás -se intercambió conmigo, bajando la mirada al césped enseguida. Tragándose todo lo que sentía, cómo no. Aun así, no lo presioné.
Crucé los dedos y caminé lentamente hacia Etsu. ¿Le habría pasado algo? Aquella idea me ponía más nerviosa de lo que estaba dispuesta a hacer notar.

121. Nebulosa acuática

 Capítulo 121

Juraba que lo mataba. Es que juraba que lo mataba.
Pusó el botón de la dispensadora varias veces. Aunque por dentro algo me arrastraba a entrar en pánico, mantuve mi postura defensiva. ¿Qué debía hacer para cubrirlo? ¿Saltar? Uf, tenía que saltar.
Ridley dobló el brazo... y lanzó uno, bombeado.
-¡Jetwick! -grité mientras Mia se echaba a correr hacia los de la máquina.
Hice rodar la botella de agua bajo la valla. Jetwick levantó la cabeza al oír mi voz, asintió y, sin dejar de correr, se acuclilló un segundo.
No sé cómo lo conseguí: puse un pie en la valla, me lancé tras el globo y, pasando por encima de la calle de los corredores, justo cuando Jetwick se agachaba, lo atrapé en el aire. Aunque tenía el aterrizaje controlado, algunas personas se apartaron sobresaltadas cuando aterricé en la acera contraria, más de una lanzándome maldiciones. Yo, sin tiempo que perder, me incorporé y lancé el globo hacia la otra dirección. No sé si le acerté a Ridley.
Jadeé. Menudo frenesí. La maniobra, milagrosamente, había funcionado, pero ahora me encontraba al otro lado de la carretera, con mi compañera al otro lado y Jetwick aún bajo riesgo de alcance. Me di la vuelta y me aferré a la valla. Contuve la respiración nada más vi, unos metros hacia delante, un segundo globo que volaba hacia Jetwick.
¡PLOF!
Cuando me retiré la mano de la cara, lo que vi fue una nébula de gotas resplandecientes dispersarse por encima de Jetwick. Una flecha, intuyo que de Imala, zumbó por encima de nuestras cabezas y se clavó en la parte alta de un árbol.
Suspiré, no sé si de alivio o de irritación. Ya me iba a tocar echarle la bronca a Imala por no llevar flechas blandas, me dije abriendo y cerrando el puño.
-¡Jefa, hay que volver!
Di un respingo. Cómo volver... Justo: había una pasarela que me llevaría hasta ellos, y estaba abierta.
Me eché a correr a toda pastilla hacia ella, esquivando a todo el que pude, y dirigí mis pasos hacia el callejón del que habíamos venido. Sin embargo, En cuanto vi a Mia abalanzada sobre Ridley mientras Mystery trataba de retenerla, me vi obligada a cambiar de dirección y cargar hacia ellos. 
Grité. No podía frenar. Entonces, Ridley consiguió liberarse y arrojó un globo hacia mí.
Apreté los párpados y me cubrí con el codo. ¡PLOF!
Abrí los ojos. Justo enfrente mía, un chico corpulento al que reconocí al instante sostenía hacia ellos la tapadera de un cubo de basura. ¡Bobby!
-¡Agrupaos! ¡Tenemos que volver! -gritó.
Mia, Imala y yo nos colocamos detrás de él mientras los otros dos intentaban responder a nuestras maniobras. La dispensadora seguía emitiendo zumbidos y, uno detrás de otro, varios globos empezaron a caer en manos de Ridley.
-¡Retirada!
Nos fuimos con Bobby sosteniendo la tapa a nuestra retaguardia hasta que, un par de callejones después, conseguimos perderles la vista y tener cobertura suficiente.
Nos sentamos a descansar a la salida de una callejuela, en el mismo suelo.
-Vaya... No sé cómo hemos conseguido coordinarnos así, pero ha sido increíble -dije entre resuellos.
-¿Has... has visto cómo me he echado encima de ellos, capi? -Mia apretó los puños con emoción, no sin antes retocarse los mechones de pelo que se le habían quedado fuera de las coletas. Tenía la ropa empapada.
-Sí... pero Imala también lo ha hecho genial, como de costumbre, y Bobby ha estado brillante.
Imala asintió y Bobby, sonrojado, agitó las manos, evitando hablar para reservar aire. Estaba bastante satisfecha con los progresos que había hecho; cada vez se tomaba los entrenamientos más en serio y estaba consiguiendo que su fuerza no sólo saliera fuera a través de la ira, sino cuando él la necesitaba.
-Capi... ¿crees que vendrán a por nosotros? -preguntó Mia, agarrando la manga de mi sudadera.
-...No -respondí, poniéndome en pie-. Es Jetwick y Allan quienes les interesan, no nosotros. Claro que vendrán a estorbarnos para que no podamos ayudarle, pero ahora que nos hemos alejado les sería una pérdida de tiempo seguirnos. En fin, ¿volvemos?
No estaba nada segura de lo que estaba diciendo, pero intenté sonar rebosante de confianza. A juzgar por las caras complacidas de mis compañeros, funcionó.
Obedeciendo mis indicaciones, comenzamos a andar. La furgoneta estaba cerca y teníamos tiempo de sobra, así que, de una manera quizás un tanto inoportuna teniendo en cuenta que la carrera aún no había terminado, la sensación de logro empezó a calarnos sin que ni yo pudiera detenerla.
-¿Visteis cuando pasé por encima de las vallas? ¡Y de un salto! -presumí.
-¡Sí, y cuando Imala disparó, o cuando Bobby apareció con el escudo como si fuese un superhéroe!
-¡Ah, venga ya! -Bobby se restó importancia, se dio la vuelta y caminó de espaldas-. No sé si es que he visto demasiadas pelis de superhéroes o que Delmet me está lavando el cerebro, pero pensé en lanzar la tapa en el aire y...
-Bobby, ¡Bobby, cuidado!
Nunca caminéis de espaldas. Bobby pisó el borde de la acera, dio un traspié y, desesperado por no caer al suelo, se apoyó en lo primero en lo que pudo posar el brazo, que fue una motocicleta negra mal aparcada que, de un sólo toque, se ladeó y cayó de lado. Mia y yo conseguimos atrapar a Bobby en el aire.
-¿Qué estabas pensando? -le regañé-. ¡No vayas así por la calle! ¿Te he contado alguna vez lo que me pasó una vez por no mirar al frente mientras corría por una acera?
-¡L-lo siento! -se volvió con nerviosismo hacia la motocicleta-. ¿Está bien? ¿Se ha arañado?
-No demasiado -la inspeccionó Imala con una rodilla clavada en el suelo-. No obstante, a juzgar por su apariencia, diría que este vehículo pertenece a un individuo explosivo.
Sí... no es que me gustase juzgar, pero ni las pegatinas que decoraban la motocicleta ni las que había aparcadas cerca de ella presagiaban nada bueno.
-Ya... estaba bastante arañada de antes, pero si su dueño tiene mal carácter, esto podría meterte en un problema -puntualicé, y me encogí de hombros cuando, al ponerla como estaba, vi el mal estado en el que ya estaba la motocicleta-. De todas formas, estaba bastante mal aparcada, así que algo de culpa tiene este tipo por cuidarla tan mal dejarla aparcada de una manera tan inestable.
-Y... ¿qué hacemos? -preguntó Mia.
-Ugh... no podemos retrasarnos -suspiré-. No le has hecho nada grave, así que mejor vámonos y...
Miré a los lados y, con horror, vi a un grupo de chicos mayores que nosotros con chaquetas de cuero sobre los hombros.
-Y... eso, vámonos.
Mi equipo debió entenderme al instante por la cara que puse. Discretamente, seguimos caminando, cada vez con paso más rápido.
-Detrás, hay una fuerte corriente energética detrás -susurró Imala.
-Sí, nos están siguiendo. Mirad, ahí está la furgoneta. ¡Vamos!
Nos montamos apresuradamente. Teck abrió la boca para decir algo (probablemente a quejarse porque Mia le estaba mojando los asientos), pero lo interrumpí al instante, insistiendo, sin dejarle protestar.
-Arranca. ¡Arranca, vamos!
Teck se encogió de hombros y obedeció, tomando una curva para dejar la calle atrás. Suspiré aliviada.
-Legend nos acaba de indicar el siguiente punto y nos dirigimos hacia él -nos informó Etsu mientras Teck aminoraba la velocidad para entrar en una nueva calle-. Respecto a vuestra decisión apresurada... ¿A qué se debe?
Levanté un dedo para explicarme, pero las palabras se me atascaron en cuanto dirigí la vista a la carretera.
-B-Bobby... -señalé al frente con los ojos como platos.
Él contuvo el aire, pálido como una sábana: allí, justo en el carril contrario, estaban los motoristas. ¿Cómo nos habían alcanzado tan rápido?
-Teck... -musité, alzando mi voz quebrada al final de la frase-. ¡Teck, sácanos de aquí!