Capítulo 121
Juraba que lo mataba. Es que juraba que lo mataba.Pusó el botón de la dispensadora varias veces. Aunque por dentro algo me arrastraba a entrar en pánico, mantuve mi postura defensiva. ¿Qué debía hacer para cubrirlo? ¿Saltar? Uf, tenía que saltar.
Ridley dobló el brazo... y lanzó uno, bombeado.
-¡Jetwick! -grité mientras Mia se echaba a correr hacia los de la máquina.
Hice rodar la botella de agua bajo la valla. Jetwick levantó la cabeza al oír mi voz, asintió y, sin dejar de correr, se acuclilló un segundo.
No sé cómo lo conseguí: puse un pie en la valla, me lancé tras el globo y, pasando por encima de la calle de los corredores, justo cuando Jetwick se agachaba, lo atrapé en el aire. Aunque tenía el aterrizaje controlado, algunas personas se apartaron sobresaltadas cuando aterricé en la acera contraria, más de una lanzándome maldiciones. Yo, sin tiempo que perder, me incorporé y lancé el globo hacia la otra dirección. No sé si le acerté a Ridley.
Jadeé. Menudo frenesí. La maniobra, milagrosamente, había funcionado, pero ahora me encontraba al otro lado de la carretera, con mi compañera al otro lado y Jetwick aún bajo riesgo de alcance. Me di la vuelta y me aferré a la valla. Contuve la respiración nada más vi, unos metros hacia delante, un segundo globo que volaba hacia Jetwick.
¡PLOF!
Cuando me retiré la mano de la cara, lo que vi fue una nébula de gotas resplandecientes dispersarse por encima de Jetwick. Una flecha, intuyo que de Imala, zumbó por encima de nuestras cabezas y se clavó en la parte alta de un árbol.
Suspiré, no sé si de alivio o de irritación. Ya me iba a tocar echarle la bronca a Imala por no llevar flechas blandas, me dije abriendo y cerrando el puño.
-¡Jefa, hay que volver!
Di un respingo. Cómo volver... Justo: había una pasarela que me llevaría hasta ellos, y estaba abierta.
Me eché a correr a toda pastilla hacia ella, esquivando a todo el que pude, y dirigí mis pasos hacia el callejón del que habíamos venido. Sin embargo, En cuanto vi a Mia abalanzada sobre Ridley mientras Mystery trataba de retenerla, me vi obligada a cambiar de dirección y cargar hacia ellos.
Grité. No podía frenar. Entonces, Ridley consiguió liberarse y arrojó un globo hacia mí.
Apreté los párpados y me cubrí con el codo. ¡PLOF!
Abrí los ojos. Justo enfrente mía, un chico corpulento al que reconocí al instante sostenía hacia ellos la tapadera de un cubo de basura. ¡Bobby!
-¡Agrupaos! ¡Tenemos que volver! -gritó.
Mia, Imala y yo nos colocamos detrás de él mientras los otros dos intentaban responder a nuestras maniobras. La dispensadora seguía emitiendo zumbidos y, uno detrás de otro, varios globos empezaron a caer en manos de Ridley.
-¡Retirada!
Nos fuimos con Bobby sosteniendo la tapa a nuestra retaguardia hasta que, un par de callejones después, conseguimos perderles la vista y tener cobertura suficiente.
Nos sentamos a descansar a la salida de una callejuela, en el mismo suelo.
-Vaya... No sé cómo hemos conseguido coordinarnos así, pero ha sido increíble -dije entre resuellos.
-¿Has... has visto cómo me he echado encima de ellos, capi? -Mia apretó los puños con emoción, no sin antes retocarse los mechones de pelo que se le habían quedado fuera de las coletas. Tenía la ropa empapada.
-Sí... pero Imala también lo ha hecho genial, como de costumbre, y Bobby ha estado brillante.
Imala asintió y Bobby, sonrojado, agitó las manos, evitando hablar para reservar aire. Estaba bastante satisfecha con los progresos que había hecho; cada vez se tomaba los entrenamientos más en serio y estaba consiguiendo que su fuerza no sólo saliera fuera a través de la ira, sino cuando él la necesitaba.
-Capi... ¿crees que vendrán a por nosotros? -preguntó Mia, agarrando la manga de mi sudadera.
-...No -respondí, poniéndome en pie-. Es Jetwick y Allan quienes les interesan, no nosotros. Claro que vendrán a estorbarnos para que no podamos ayudarle, pero ahora que nos hemos alejado les sería una pérdida de tiempo seguirnos. En fin, ¿volvemos?
No estaba nada segura de lo que estaba diciendo, pero intenté sonar rebosante de confianza. A juzgar por las caras complacidas de mis compañeros, funcionó.
Obedeciendo mis indicaciones, comenzamos a andar. La furgoneta estaba cerca y teníamos tiempo de sobra, así que, de una manera quizás un tanto inoportuna teniendo en cuenta que la carrera aún no había terminado, la sensación de logro empezó a calarnos sin que ni yo pudiera detenerla.
-¿Visteis cuando pasé por encima de las vallas? ¡Y de un salto! -presumí.
-¡Sí, y cuando Imala disparó, o cuando Bobby apareció con el escudo como si fuese un superhéroe!
-¡Ah, venga ya! -Bobby se restó importancia, se dio la vuelta y caminó de espaldas-. No sé si es que he visto demasiadas pelis de superhéroes o que Delmet me está lavando el cerebro, pero pensé en lanzar la tapa en el aire y...
-Bobby, ¡Bobby, cuidado!
Nunca caminéis de espaldas. Bobby pisó el borde de la acera, dio un traspié y, desesperado por no caer al suelo, se apoyó en lo primero en lo que pudo posar el brazo, que fue una motocicleta negra mal aparcada que, de un sólo toque, se ladeó y cayó de lado. Mia y yo conseguimos atrapar a Bobby en el aire.
-¿Qué estabas pensando? -le regañé-. ¡No vayas así por la calle! ¿Te he contado alguna vez lo que me pasó una vez por no mirar al frente mientras corría por una acera?
-¡L-lo siento! -se volvió con nerviosismo hacia la motocicleta-. ¿Está bien? ¿Se ha arañado?
-No demasiado -la inspeccionó Imala con una rodilla clavada en el suelo-. No obstante, a juzgar por su apariencia, diría que este vehículo pertenece a un individuo explosivo.
Sí... no es que me gustase juzgar, pero ni las pegatinas que decoraban la motocicleta ni las que había aparcadas cerca de ella presagiaban nada bueno.
-Ya... estaba bastante arañada de antes, pero si su dueño tiene mal carácter, esto podría meterte en un problema -puntualicé, y me encogí de hombros cuando, al ponerla como estaba, vi el mal estado en el que ya estaba la motocicleta-. De todas formas, estaba bastante mal aparcada, así que algo de culpa tiene este tipo por cuidarla tan mal dejarla aparcada de una manera tan inestable.
-Y... ¿qué hacemos? -preguntó Mia.
-Ugh... no podemos retrasarnos -suspiré-. No le has hecho nada grave, así que mejor vámonos y...
Miré a los lados y, con horror, vi a un grupo de chicos mayores que nosotros con chaquetas de cuero sobre los hombros.
-Y... eso, vámonos.
Mi equipo debió entenderme al instante por la cara que puse. Discretamente, seguimos caminando, cada vez con paso más rápido.
-Detrás, hay una fuerte corriente energética detrás -susurró Imala.
-Sí, nos están siguiendo. Mirad, ahí está la furgoneta. ¡Vamos!
Nos montamos apresuradamente. Teck abrió la boca para decir algo (probablemente a quejarse porque Mia le estaba mojando los asientos), pero lo interrumpí al instante, insistiendo, sin dejarle protestar.
-Arranca. ¡Arranca, vamos!
Teck se encogió de hombros y obedeció, tomando una curva para dejar la calle atrás. Suspiré aliviada.
-Legend nos acaba de indicar el siguiente punto y nos dirigimos hacia él -nos informó Etsu mientras Teck aminoraba la velocidad para entrar en una nueva calle-. Respecto a vuestra decisión apresurada... ¿A qué se debe?
Levanté un dedo para explicarme, pero las palabras se me atascaron en cuanto dirigí la vista a la carretera.
-B-Bobby... -señalé al frente con los ojos como platos.
Él contuvo el aire, pálido como una sábana: allí, justo en el carril contrario, estaban los motoristas. ¿Cómo nos habían alcanzado tan rápido?
-Teck... -musité, alzando mi voz quebrada al final de la frase-. ¡Teck, sácanos de aquí!
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