-¡¿Qué?! ¡No fastidies! -exclamó Teck. Ni corto ni perezoso, acercó la cabeza y me arrebató el instrumento de un tirón, sin dejar que me quitara la cinta del cuello-. ¿Del H-45? ¿Estás segura de que es él?
-¿Quién si no iba a ser? -tiré de la cinta, ofendida, y dejé los prismáticos donde estaban. -Genial, ahora también Tornado. ¿Quién más se une a la fiesta?
-Eri, ¿estás enfadada? -Mia ladeó la cabeza.
Respiré hondo. Ya veía muy cerca la playa desde la carretera y, tarde o temprano llegaría la bifurcación en la que tendría que decidir lo que hacer. ¿Podría llegar la furgoneta hasta la playa o habría demasiada arena y se quedaría atascada? ¿Era conveniente alejar más aún la furgoneta de Jetwick o Ridley? ¿Y qué pasaba con Tornado? Era nuestro amigo, ¿pero era también nuestra responsabilidad?
-¡Agh! -alargué la primera A-. Id a por Tornado. Creo que puedo llegar hasta Delmet desde aquí.
-¿Qué? -Mirta abrió los ojos-. ¿Tú sola? No; voy contigo.
-No, iré yo sola -no era eso lo que quería decir, pero quería mantener a Mirta al margen, porque sabía que se llevaba mal con la preocupación por su amigo-. Es decir... sí, iré, yo. Vosotros id a por Tornado.
Miré a Bobby, recordando que solía huir de Tornado en el aula.
-No te importa que lo rescatemos, ¿no?
-¡Ah, claro que no! Ya no -arqueé una ceja-. Es decir, me chinchaba mucho antes, pero ya... Ya os explicaré.
-Ajá. Bueno... ¡Jetwick! -activé el auricular-. Hemos tenido un percance; bueno, un par, pero no tardaremos en solucionarlo. Si ocurre algo en carrera, avísanos igualmente, ¿vale?
Carita sonriente.
-Vale, pues... voy a abrir la puerta. Nos vemos.
Salí precipitadamente en cuanto la furgoneta paró. Algunos miembros del equipo trataron de decir algo, pero no les di tiempo para hacerlo.
Me deslicé colina abajo, con la vista en el mar. Todo el mundo estaba en la ciudad, así que aquella playa estaba desierta.
La situación de Legend era mucho más peligrosa de lo que estábamos considerando teniendo en cuenta que su querido armatoste podía arrastrarlo hacia abajo, pero le habían pasado tantas cosas y todas le habían salido bien... Traté de no pensar mucho en los detalles.
Una vez en la orilla supe que, efectivamente, me había precipitado al ir sola. Sí, había sido muy cómodo a la hora de bajar la ladera, pero ¿qué debía hacer ahora? Si le pasaba algo, ¿qué haría, sabiendo que la decisión la había tomado yo? No, otra vez esa sensación no...
Todo me abrumaba y la presión me hacía querer estar sola. ¿Habría sido muy egoísta?
Avancé por la costa, alerta a cualquier estímulo. Tenía que encontrarlo antes de que se hundiese, y necesitaba que él me diese todo el tiempo que pudiese darme.
"Legend, aguanta. Por favor".
Y, entonces, algo se movió y, por debajo, una silueta emergió desde las profundidades hasta la superficie. ¡Ahí estaba!
Me metí en el agua sin pensar, y me arrepentí en cuanto alcanzó mis rodillas, pero, afortunadamente, Delmet no estaba muy lejos. Parecía muy fatigado para ser una persona a la que le sobraba tanta energía y arrastraba como podía lo que debía ser su ala delta.
-Uf, capitana... tendrías que haberme visto -sonrió triunfante. Sus pasos eran tan torpes que temía que se cayese, así que extendí las manos hacia sus hombros y, cuando lo tuve cerca, le tendí la mano y tiré de él.
-Ya me lo contarás, pero primero vamos a sacarte a ti y a todo esto del agua.
El trasto pesaba lo suyo. Todavía me parecía increíble que Delmet hubiera aparecido allí caminando por su cuenta.
En cuanto salió del agua, se tiró a la arena y se quedó tumbado boca arriba, sonriendo satisfecho. Me senté a su lado, tratando de procesarlo todo, pero me seguía pareciendo increíble.
-¿Cómo...? Es decir, Estabas...
-Increíble, ¿verdad? -se rió-. Ni siquiera yo sé cómo he llegado hasta la orilla, pero ya sabes: se supone que soy el experto en estas cosas, y este era un ejercicio de escapismo en toda regla: había cuerdas, no sabía dónde estaba la superficie... ¿Te lo cuento? Venga, sí; te lo voy a contar.
Cómo no, no perdía la oportunidad de contar una batallita cargada de ficción. Normalmente lo mandaba callar antes de que empezase, pero, por primera vez, lo dejé hablar. Luego tendría que echarle la bronca por no revisar bien su material antes de utilizarlo, pero por el momento podía dejarlo hablar. Además, algo me decía que aquella historia tenía menos ficción que las habituales.
-La verdad, no sé cómo lo has hecho, pero has conseguido llegar a la orilla tú sólo. No es algo de lo que cualquiera pueda presumir, ya te digo, y menos mal.
Él se rió, esta vez como si le hubiera contado un chiste muy bueno, y entonces regresó mi dinámica habitual con él.
-Qué te parece tan gracioso -lo fulminé con la mirada.
-Pues... que te preocupes así por mí.
La ira se me vino abajo.
-¿Cómo?
-Sí, sueles tratarme distinto -justificó-. Normalmente me miras mal o me amenazas, como a un bicho molesto que tuvieras detrás de la oreja, pero sé por qué lo haces: para que aprenda. Eres como Tank: me tratas como a un inútil para que me mejore a mí mismo.
Fui abriendo los puños. En realidad, lo trataba así porque a veces no lo tragaba, pero no podía negar que buscaba constantemente sacar algo bueno de él al igual que hacía con todos los demás. Y cómo negarlo: Delmet era bueno en lo suyo, y muy bueno, pero no se lo iba a decir.
La cosa era que nunca me había planteado que él me percibiera así de gruñona con él, más que nada porque siempre me tenía en un pedestal. ¿Pero por qué me sorprendía tanto eso? Claro que él se daba cuenta de mi actitud; toda acción, como se suele decir, tiene sus evidentes consecuencias.
-De hecho, estoy aprendiendo mucho más que el año pasado -continuó-. Creo que es por eso que no me importa ser subcapitán: porque, tal y como pensé cuando renuncié al puesto, eres dura, y quería verte en acción.
Le evité la mirada. ¿A qué venía tanto cumplido? Tal y como él decía, tampoco había sido tan agradable con él como para que me siguiera teniendo tan alto, con lo que me pasaba con él.
Pero... sí, me había preocupado más de lo que iba a reconocer. Era cargante, ruidoso y muchas veces resultaba un estorbo, pero era parte del equipo y lo necesitábamos dentro, al igual que a Etsu y a los demás. Quería protegerlos a todos en la medida de lo posible. Además, yo también había aprendido alguna que otra cosa de él, sobre todo durante el día en el que nos conocimos. Tampoco pensaba decírselo.
- ¡Bueno! -me estiré-. Me alegro de que te esté sirviendo de algo, supongo. Ahora que hemos descansado un poco, ¿te ves preparado para seguir con esto?
- ¡Claro, yo siempre estoy listo! -quiso levantarse de un salto, pero le salió una croqueta un poco torpe-. Bueno, ¿adónde tenemos que ir?
-A la ciudad. Creo que lo que está pasando te va a resultar... interesante.
-Eri, ¿estás enfadada? -Mia ladeó la cabeza.
Respiré hondo. Ya veía muy cerca la playa desde la carretera y, tarde o temprano llegaría la bifurcación en la que tendría que decidir lo que hacer. ¿Podría llegar la furgoneta hasta la playa o habría demasiada arena y se quedaría atascada? ¿Era conveniente alejar más aún la furgoneta de Jetwick o Ridley? ¿Y qué pasaba con Tornado? Era nuestro amigo, ¿pero era también nuestra responsabilidad?
-¡Agh! -alargué la primera A-. Id a por Tornado. Creo que puedo llegar hasta Delmet desde aquí.
-¿Qué? -Mirta abrió los ojos-. ¿Tú sola? No; voy contigo.
-No, iré yo sola -no era eso lo que quería decir, pero quería mantener a Mirta al margen, porque sabía que se llevaba mal con la preocupación por su amigo-. Es decir... sí, iré, yo. Vosotros id a por Tornado.
Miré a Bobby, recordando que solía huir de Tornado en el aula.
-No te importa que lo rescatemos, ¿no?
-¡Ah, claro que no! Ya no -arqueé una ceja-. Es decir, me chinchaba mucho antes, pero ya... Ya os explicaré.
-Ajá. Bueno... ¡Jetwick! -activé el auricular-. Hemos tenido un percance; bueno, un par, pero no tardaremos en solucionarlo. Si ocurre algo en carrera, avísanos igualmente, ¿vale?
Carita sonriente.
-Vale, pues... voy a abrir la puerta. Nos vemos.
Salí precipitadamente en cuanto la furgoneta paró. Algunos miembros del equipo trataron de decir algo, pero no les di tiempo para hacerlo.
Me deslicé colina abajo, con la vista en el mar. Todo el mundo estaba en la ciudad, así que aquella playa estaba desierta.
La situación de Legend era mucho más peligrosa de lo que estábamos considerando teniendo en cuenta que su querido armatoste podía arrastrarlo hacia abajo, pero le habían pasado tantas cosas y todas le habían salido bien... Traté de no pensar mucho en los detalles.
Una vez en la orilla supe que, efectivamente, me había precipitado al ir sola. Sí, había sido muy cómodo a la hora de bajar la ladera, pero ¿qué debía hacer ahora? Si le pasaba algo, ¿qué haría, sabiendo que la decisión la había tomado yo? No, otra vez esa sensación no...
Todo me abrumaba y la presión me hacía querer estar sola. ¿Habría sido muy egoísta?
Avancé por la costa, alerta a cualquier estímulo. Tenía que encontrarlo antes de que se hundiese, y necesitaba que él me diese todo el tiempo que pudiese darme.
"Legend, aguanta. Por favor".
Y, entonces, algo se movió y, por debajo, una silueta emergió desde las profundidades hasta la superficie. ¡Ahí estaba!
Me metí en el agua sin pensar, y me arrepentí en cuanto alcanzó mis rodillas, pero, afortunadamente, Delmet no estaba muy lejos. Parecía muy fatigado para ser una persona a la que le sobraba tanta energía y arrastraba como podía lo que debía ser su ala delta.
-Uf, capitana... tendrías que haberme visto -sonrió triunfante. Sus pasos eran tan torpes que temía que se cayese, así que extendí las manos hacia sus hombros y, cuando lo tuve cerca, le tendí la mano y tiré de él.
-Ya me lo contarás, pero primero vamos a sacarte a ti y a todo esto del agua.
El trasto pesaba lo suyo. Todavía me parecía increíble que Delmet hubiera aparecido allí caminando por su cuenta.
En cuanto salió del agua, se tiró a la arena y se quedó tumbado boca arriba, sonriendo satisfecho. Me senté a su lado, tratando de procesarlo todo, pero me seguía pareciendo increíble.
-¿Cómo...? Es decir, Estabas...
-Increíble, ¿verdad? -se rió-. Ni siquiera yo sé cómo he llegado hasta la orilla, pero ya sabes: se supone que soy el experto en estas cosas, y este era un ejercicio de escapismo en toda regla: había cuerdas, no sabía dónde estaba la superficie... ¿Te lo cuento? Venga, sí; te lo voy a contar.
Cómo no, no perdía la oportunidad de contar una batallita cargada de ficción. Normalmente lo mandaba callar antes de que empezase, pero, por primera vez, lo dejé hablar. Luego tendría que echarle la bronca por no revisar bien su material antes de utilizarlo, pero por el momento podía dejarlo hablar. Además, algo me decía que aquella historia tenía menos ficción que las habituales.
-La verdad, no sé cómo lo has hecho, pero has conseguido llegar a la orilla tú sólo. No es algo de lo que cualquiera pueda presumir, ya te digo, y menos mal.
Él se rió, esta vez como si le hubiera contado un chiste muy bueno, y entonces regresó mi dinámica habitual con él.
-Qué te parece tan gracioso -lo fulminé con la mirada.
-Pues... que te preocupes así por mí.
La ira se me vino abajo.
-¿Cómo?
-Sí, sueles tratarme distinto -justificó-. Normalmente me miras mal o me amenazas, como a un bicho molesto que tuvieras detrás de la oreja, pero sé por qué lo haces: para que aprenda. Eres como Tank: me tratas como a un inútil para que me mejore a mí mismo.
Fui abriendo los puños. En realidad, lo trataba así porque a veces no lo tragaba, pero no podía negar que buscaba constantemente sacar algo bueno de él al igual que hacía con todos los demás. Y cómo negarlo: Delmet era bueno en lo suyo, y muy bueno, pero no se lo iba a decir.
La cosa era que nunca me había planteado que él me percibiera así de gruñona con él, más que nada porque siempre me tenía en un pedestal. ¿Pero por qué me sorprendía tanto eso? Claro que él se daba cuenta de mi actitud; toda acción, como se suele decir, tiene sus evidentes consecuencias.
-De hecho, estoy aprendiendo mucho más que el año pasado -continuó-. Creo que es por eso que no me importa ser subcapitán: porque, tal y como pensé cuando renuncié al puesto, eres dura, y quería verte en acción.
Le evité la mirada. ¿A qué venía tanto cumplido? Tal y como él decía, tampoco había sido tan agradable con él como para que me siguiera teniendo tan alto, con lo que me pasaba con él.
Pero... sí, me había preocupado más de lo que iba a reconocer. Era cargante, ruidoso y muchas veces resultaba un estorbo, pero era parte del equipo y lo necesitábamos dentro, al igual que a Etsu y a los demás. Quería protegerlos a todos en la medida de lo posible. Además, yo también había aprendido alguna que otra cosa de él, sobre todo durante el día en el que nos conocimos. Tampoco pensaba decírselo.
- ¡Bueno! -me estiré-. Me alegro de que te esté sirviendo de algo, supongo. Ahora que hemos descansado un poco, ¿te ves preparado para seguir con esto?
- ¡Claro, yo siempre estoy listo! -quiso levantarse de un salto, pero le salió una croqueta un poco torpe-. Bueno, ¿adónde tenemos que ir?
-A la ciudad. Creo que lo que está pasando te va a resultar... interesante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario