Capítulo 123
Mi deber como capitana era proteger a mi equipo, o eso deducía. Pero, ¿qué pasaba cuando no era capaz de hacerlo? La pregunta en sí no tenía una solución que sirviera para todo, y eso me dejaba con un vacío incómodo en el estómago: siempre había sido un alma libre hasta entrar en la academia, una con pocas responsabilidades sobre los demás. Y, desde que fui elegida capitana, había pasado de ese extremo al contrario, pero gente como Delmet me había enseñado que no podía proteger a todo el mundo.
¿Pero qué había de Etsu? Apenas se metía en líos, pero era igual de vulnerable que todos los demás. A cualquiera del equipo le podría haber pasado algo. ¿Qué podía hacer yo ante algo así? ¡Jolines! Empezaba a entender por qué todos estaban tan preocupados cuando Ridley había intentado arrastrarme a las profundidades, y no tenía nada que ver con ser fuerte o débil.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? -me di cuanta de que quizás me había venido arriba haciendo preguntas, así que traté de serenarme y bajé un poco mis manos inquietas.
-Ah, sí -se dio la vuelta, sonriente y apacible. Parecía muy tranquilo, pero no pude evitar tensar los hombros y aspirar entre dientes cuando vi que uno de los cristales de las gafas se le había resquebrajado.
- ... -levanté un poco la mano, como si las gafas fueran mías y, lentamente, tratase de quitármelas.
-Ah... -miró hacia ambos lados, como si mi reacción lo hubiera despistado, y se acercó un dedo a las gafas-. Sí, esto... Un golpe sin importancia, nada más.
-¿Seguro que no tiene importancia? ¿No deberíamos avisar a alguien?
-¡Seguro! -no paraba de sonreír, como si le hiciera mucha gracia mi nivel de preocupación, pero se llevó una mano a un lado de la cabeza, observando las gafas que sostenía con la contraria-. Bueno, aún duele un poco y me encuentro algo mareado, pero eso es todo. Aunque, claro, si soy el estratega, pero no puedo pensar... Supongo que eso me deja inútil.
Ciertamente, Etsu parecía un poco desorientado. Para ser el friki de diccionario que todos conocíamos, no parecía muy resuelto con las palabras y titubeaba un poco más que de costumbre.
-No digas esas cosas -lo miré con irritación-. Sois mi equipo, no herramientas ni nada por el estilo. Ni siquiera yo estoy al cien por cien siempre; ¿qué tiene de malo que no puedas estarlo tú hoy?
-Es cierto... cosas de perfeccionistas -se encogió de hombros-. Pero eso haría que haya más responsabilidad sobre ti. A decir verdad, me siento un poco culpable...
-¡Qué dices! En todo caso, la que debería sentirse culpable soy yo, que soy vuestra capitana. Menudo susto me habéis dado con tanto secretismo.
-Bueno... -titubeó-. Ya sabes cómo es Teck; es más sensible de lo que quiere admitir. Respecto a lo de sentirte culpable... toda la situación ha sido un accidente. No diría que es culpa tuya, por muy responsable que quieras hacerte de ella.
-Sí... -miré al horizonte y después a la furgoneta-. Supongo que tienes razón. Pero se acabaron los secretismos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo -asintió con una sonrisa.
-Sé que no es algo normal en mí, pero ¿puedo darte un abrazo?
-Sí que no es normal en ti, pero te lo permito -contestó con timidez.
Y lo abracé, porque verme tan cerca de que pasara algo malo había hecho que lo necesitara.
Fuimos hacia los demás, procurando ir tranquilos para que todos pudieran ver que las cosas estaban bien. Era un alivio que el problema sólo hubiera sido ese, pero dejar a Etsu incapacitado seguía siendo un inconveniente, porque eso nos dejaba sin estratega.
Estaba volviendo a la furgoneta cuando oí un estallido tremendo procedente de la ciudad.
-¡Eria, Etsu! ¡rápido!
Nos apresuramos como pudimos y subimos. No, más problemas no...
-¿Qué ha pasado ahora? ¿Qué ha sido eso?
-Creemos que un derrumbe -me informó Bobby, señalando una nube de polvo en un punto de la ciudad mientras Teck trasteaba con la radio, soltando exclamaciones en voz alta para probarla mientras se ajustaba los cascos. Miró a Mirta -ah, y cómo decirlo... bueno, lo digo: también pasa que a Delmet lo han saboteado.
-Cómo que lo han... Esperad, mirad allí.
Algo muy grande comenzó a caer en diagonal hacia la playa, cada vez más cerca del mar. ¿Sería? No, me negaba a creer que esa sensación estuviese volviendo otra vez.
-Vamos a ver, calma -dije en voz alta, más para mí que para los demás -entonces tenemos un derrumbe en la ciudad y a Legend en el mar. ¡Jetwick!
Tras unos segundos larguísimos, obtuvimos respuesta del led. Me calmé, pero no respiré más despacio.
-Vale, vale, Jetwick está bien, pero Legend... Entonces la prioridad... -quise recurrir a Etsu, pero cuando lo vi con los dedos sobre la sien tratando de procesar la situación, recordé el problema y le hice un gesto para que dejase de pensar-. Teck, ¿hay algún punto que nos deje a la misma distancia de ambos puntos... o algo así?
-Bueno, tanto para llegar a un sitio como a otro hay que bajar por la carretera, así que quizás allí...
-Perfecto: vamos hasta allí.
Nos pusimos en marcha a todo trapo y sin dilación alguna. Todo era tan complicado... Teníamos que rescatar a Delmet cuanto antes, pero todo apuntaba a que eso era lo que Ridley quería que hiciéramos, y eso dejaría sin cobertura a Jetwick. ¡Maldita sea!
A más nos acercábamos, mejor se veía lo que se había derrumbado: era un lateral de un puente de piedra. No estaba muy alto, pero sí cerca del lugar por el que pasaban los corredores. ¿Sería Ridley el responsable? Estaba frita por echarle la culpa, pero también entendía que no todo suceso desafortunado tenía que ver con él.
-¡Eh, eh! ¡Mirad allí! -señaló Mia.
Me fijé en el punto hacia el que miraban mis compañeros justo a tiempo para ver cómo alguien a quien no identifiqué caía bajo el puente rodando por el suelo. No había sido una caída tremenda, pero menudo susto se había tenido que llevar. Cómo lo comprendía.
-¡Alguien acaba de tener un accidente! -Mirta se llevó las manos a la cabeza.
Todo el equipo, agitado, comenzó a murmurar.
-Que no cunda el pánico -observé con atención al accidentado-. Apenas hay unos metros de caída y aún tenemos que ir a por Legend, así que seguro que estará bien. Teck, ¿tienes prismáticos?
Me colgué la cinta del cuello. En cuanto pude ver con detalle la escena y hube identificado al caído, me quedé con la boca abierta.
-No...
-¿Qué pasa, capitana?
Dejando unos segundos de margen y bajé los prismáticos con la mirada perdida.
-Es Tornado.
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