Capítulo 122
Teck giró bruscamente el volante, haciendo una maniobra demasiado arriesgada, evitando como pudo a los motoristas.
-¿Q-qué habéis hecho? - nos gritó, frenético, mientras Bobby se disculpaba una y otra vez.
-¡Ya te lo explicaremos! ¡Tú acelera!
Teck tomó las curvas de las calles con más habilidad de la que cabría esperar con una furgoneta. El par de motoristas que nos seguía zigzagueaban detrás de nosotros, tratando de colocarse en paralelo con maniobras de dudosa legalidad. Por todo lo que rodeaba la situación, debían ser más jóvenes que el motorista promedio, e imaginaba que lo que buscaban era salirse con la suya.
Una de las motos se pegó a nuestro costado e intentó aproximarse lo máximo posible. Para evitarlo, Teck frenó, lo dejó atravesar la carretera de un lado a otro y volvió a acelerar, esta vez a todo lo que daba.
-Si los tiro, me meteré en un problema -apretó los dientes-. Tenemos que alejarnos de la competición. ¡Agarraos!
Los dejamos atrás. Imala no tuvo otra que bajar una ventanilla, sacar el arco y disparar una flecha con efecto.
-¡Imala! -la reprendí, pero me mordí la lengua al ver cómo el lugar al que apuntaba no era el casco de los motoristas, sino uno de los globos que había el la fachada de un edificio, sujetando una cinta decorativa que habían colocado allí para el evento. La cinta se soltó y uno de los motoristas tuvo que evitarla de un manotazo, para lo que tuvo que frenar.
-Esto... ¡Bien hecho! -la felicité, pero traté de centrarme mientras ella cargaba una segunda flecha. Intentó apuntar a las ruedas, pero sus movimientos en ese lo hacían todo muy difícil-. Etsu, ¡necesitamos un plan!
-Necesitamos dirigirnos hacia las afueras -informó, deslizando el dedo sobre su teléfono desde el asiento del copiloto-. Tenemos un plan, pero supondrá tomar un alto porcentaje de riesgo.
-Estamos preparados -se aferró Teck al volante, sin dejar que nadie más dijera nada.
Seguimos avanzando. ¿Cómo podíamos ir tan rápido? Seguro que Teck le había hecho algo al motor, o quizás las motos tenían pinta de ser más potentes de lo que en realidad eran, lo que era posible a juzgar del estado en el que habíamos encontrado la que había tirado Bobby. Como fuera, podríamos mantener la delantera durante un rato, pero si no los despistábamos nos alcanzarían. Todo dependía de la maniobra que tenían entre manos aquellos dos y, a juzgar por su seriedad, podía salir muy mal si no nos centrábamos. Ya notaba el corazón golpeando mis costillas.
Cruzamos un túnel hasta llegar a una colina. Ya estábamos bastante alejados de la competición, pero habíamos subido lo suficiente como para dejar a nuestra izquierda unas vistas bastante amplias de la ciudad. A nuestra derecha, entre nosotros y el mar, teníamos una ladera irregular y ningún quitamiedos que nos separase de ella. Por último, frente a nosotros había un puente del cual colgaba de un par de cables delgados una pancarta rectangular que podría cubrir a varias personas que anunciaba el evento de hoy. Entonces, vi claramente lo que tenía que ocurrir.
-¡Imala, la pancarta! -ordené.
Tan pronto como oyó mis instrucciones, Imala dirigió su arco hacia los cables y, justo antes de entrar en el túnel, comenzó a gastar sus flechas. Por mí mejor; así no tendría que pedir que las reemplazara...
La tensión siguió aumentando. Un disparo: El cable se aflojó; otro más: se soltó. Necesitábamos ir más deprisa...
-¡Rapido, Imala, RÁPIDO!
Y ella, tensando el arco hasta su límite, destruyó el último cable, dejando la tela caer mientras nos adentrábamos en el túnel.
-Necesito que os agarréis muy fuerte -Teck bajó la cabeza-. ¿Listos?
Asentí. A nadie más le dio tiempo a responder.
-¡VAMOS ALLÁ!
Y, nada más salir del túnel, Teck se desvió de la carretera y nos vimos en el aire.
Noté cosquillas en el estómago. ¿Qué estaba pasando? Tomé aire y, a través de las ventanillas, vi bajo nosotros una carretera más ancha, perpendicular a la que habíamos dejado sobre nosotros. Habíamos tomado tanto impulso que ni tocábamos la ladera.
Entonces, aterrizamos estrepitosamente.
Todo lo que había dentro de la furgoneta se revolvió con violencia. Me agarré como pude y traté de mantenerme firme para no chocar mi cabeza contra la de nadie, pero mi envergadura no me libró de moverme de un lado a otro como si varias personas a la vez tirasen de mis hombros. Me doblé hacia delante tratando de luchar contra toda aquella fuerza y, entonces, todo paró de golpe.
Mi cabeza dio un topetazo contra el reposacabezas. Ay...
Hubo unos segundos de silencio. La furgoneta estaba detenida completamente en mitad de aquel carril desierto y sólo se nos oía respirar mientras el motor, de fondo, trataba de bajar revoluciones como si lo hubiera pasado igual de mal.
Oímos zumbar a las motocicletas sobre nosotros, cada vez más lejos. Por fin...
-Estáis... ¿estáis todos bien? Preguntó Mirta, mirando a su alrededor.
-Yo sí, o eso creo... -me froté la nuca, viendo alrededor las caras conmocionadas de todos los que íbamos detrás-. ¿Teck?
-¡Gah! -dio un golpe contra el volante con la mano floja-. Pensé que no lo contábamos. ¿Verdad, Etsu?
Etsu no respondió.
-¿Etsu? -pregunté, un poco asustada.
Él meneó la cabeza, la dirigió hacia Teck y volvió a mirar al frente.
-¿Todo bien? -le preguntó Etsu.
Etsu contestó con una respuesta larga y serena, pero el tono de su voz y su posición en los asientos de delante le bajaban el volumen y no me dejaba entender lo que decía. Teck, igual de bajo, le lanzó algunas preguntas inaudibles a las que él respondió con brevedad.
-Vamos a hacer una parada en el mirador -anunció Teck, tomando los mandos de nuevo y saliendo del carril-. Será sólo un momento.
Paramos cerca del mirador (un sitio alto con vistas a un acantilado, cómo no). Aún con un poco de tembleque, salí de la furgoneta y me reuní en círculo con todos, dejando que ellos dos hablasen aparte sin dejar de vigilarlos, lo cual me servía de poco: ambos me daban la espalda.
-¿Nadie está herido?
-De milagro -se estremeció Bobby, y todos le dieron la razón-. ¿Has visto cómo nos seguían? Estaban mal de la cabeza.
-Pero Imala ha hecho un buen trabajo -ella bajó la cabeza solemne. Me ahorré el comentario sobre el material de sus flechas-. Buf... Me alegro de que haya quedado en un susto.
-Sí, yo estaba muy asustada -reconoció Mia con los ojos vidriosos, pero sacudió la cabeza-. ¿Crees que Etsu también?
-Agh -me rasqué detrás de la cabeza, justo donde me había dado el golpe, que por suerte no parecía nada grave-. No lo sé, pero tengo que hablar con él. No le veo buena pinta a esto.
-¿Y qué hacemos nosotros, capi?
-Vigilad la furgoneta; Jetwick o Delmet podrían darnos mensajes en cualquier momento -chasqueé la lengua. El alias de Delmet era tan poco elaborado que, a más lo decía, más me costaba pronunciarlo sin que me diese vergüenza ajena.
El grupo asintió. Entonces, busqué el punto en el que estaban los otros dos y me dirigí a ellos. Teck al oír mis pasos, se giró hacia mí con una sonrisa deslumbrante, pero no me creía que hubiera dejado atrás los nervios tan rápido.
-¡Ah! Os dejo solos. Necesito volver a lo mío, informar a los demás -se intercambió conmigo, bajando la mirada al césped enseguida. Tragándose todo lo que sentía, cómo no. Aun así, no lo presioné.
Crucé los dedos y caminé lentamente hacia Etsu. ¿Le habría pasado algo? Aquella idea me ponía más nerviosa de lo que estaba dispuesta a hacer notar.
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