Capítulo 127
No estaba dispuesta a darle mucho trote a mi equipo a pesar de que a ellos no les parecía mal ponerse a celebrar, así que decidí dejarles el resto del día libre y vernos con los del H-45 por la noche, en una hamburguesería a la que solíamos ir para montar las reuniones de equipo. Había que ir un poco a hurtadillas para que los entrenadores no nos pillasen y nos mirasen mal por no seguir la dieta de la academia, pero era la mejor opción que teníamos.
La cena fue todo lo tranquila y apacible que pudo ser dentro de lo que se esperaba con Legend y Yureka compartiendo mesa. Cada vez que soltaban un chillido o una risa fuerte, le lanzaba una mirada a Etsu, pero no lo vi molesto en ningún momento: estaba en la otra esquina de la mesa hablando apaciblemente con Tael y la distracción lo mantenía bastante animado.
Sólo por si las moscas, avisé de que nos iríamos antes. Mi equipo quiso protestar, pero a los pocos minutos ya estaban todos contagiándose los bostezos. Después de todo lo de aquel día, quería que se fuesen a dormir temprano.
Caminando de vuelta a la academia, nos apelotonamos en varios grupos para hablar de cosas distintas. Yo me acerqué a Tornado y, durante la charla, nos acabamos quedando rezagados.
-¿Y te dejan participar en este grupo a pesar de lo que tienes? -le pregunté.
-Sí... yo mismo lo pedí. Fue una cabezonería mía, y tampoco me arrepiento: este cacharro es bastante sofisticado. Me lo hicieron los de Golden Podium a medida.
-Y... -dudé antes de indagar-, ¿por qué? Es decir...
-Bueno... -él también dudó- a mí no me importa contarlo. ¿No te voy a incomodar?
Pero yo estaba decidida a escucharle, así que él, tras mi seña, comenzó.
-Correr, ha sido desde siempre mi pasión. Nunca he sido el más rápido, pero podría haberme pasado horas y horas corriendo sin cansarme y sin aburrirme de correr. Por eso, que aquel día de playa con mi familia que parecía tan perfecto acabase así... me pilló totalmente por sorpresa. Al parecer, el coche acabó tan mal que no lo pudieron reparar."Reconozco que cuando me desperté estaba desilusionado, pero siempre he sido un chaval optimista. Por eso, tras haber encajado el susto, me sentí un poco más fuerte, y se me ocurrió que quizás pudiera hacer como en las películas y convertir todo aquello en... ¿una bonita historia de superación? Luego me pareció una bobada, pero estaba aburrido allí tumbado en la cama del hospital, y no tenía otra cosa que hacer que reflexionar.
Entonces vinieron a visitarme aquellos hombres de esmoquin. No sabía quiénes eran ni qué querían de mí, pero al parecer llevaban observándome durante un tiempo, incluso antes de todo lo que había pasado. Cuando uno de ellos comenzó a hablar, se me olvidó por completo todo lo malo que abarcaba mi situación. Acepté su oferta sin pensármelo dos veces, desbordado por la emoción.
El trato que me ofrecieron me pareció más que justo: si yo me unía a Golden Podium, ellos se encargarían de amortizar todos los gastos necesarios para que yo volviera a correr. Y así, tras una serie de apaños a los que me adapté sin problemas, acabé firmando el mejor acuerdo al que he llegado en toda mi vida."
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