El equipo

El equipo

A veces...

Lo más divertido de la vida es el no saber el qué te deparará el futuro, ¿verdad? ~Eria Jumps

(Esta historia es ficticia, o al menos según Junie; Eria aún se opone completamente a esta idea...)

Golden Podium es un proyecto tanto escrito como dibujado que lleva en pie desde 2012. Tenemos una novela, dibujos, tiras... ¡y hasta un Motion Book! #goldenpodiumcomic

21 jul 2026

127. Viviendo un sueño

 Capítulo 127

No estaba dispuesta a darle mucho trote a mi equipo a pesar de que a ellos no les parecía mal ponerse a celebrar, así que decidí dejarles el resto del día libre y vernos con los del H-45 por la noche, en una hamburguesería a la que solíamos ir para montar las reuniones de equipo. Había que ir un poco a hurtadillas para que los entrenadores no nos pillasen y nos mirasen mal por no seguir la dieta de la academia, pero era la mejor opción que teníamos.

La cena fue todo lo tranquila y apacible que pudo ser dentro de lo que se esperaba con Legend y Yureka compartiendo mesa. Cada vez que soltaban un chillido o una risa fuerte, le lanzaba una mirada a Etsu, pero no lo vi molesto en ningún momento: estaba en la otra esquina de la mesa hablando apaciblemente con Tael y la distracción lo mantenía bastante animado.

Sólo por si las moscas, avisé de que nos iríamos antes. Mi equipo quiso protestar, pero a los pocos minutos ya estaban todos contagiándose los bostezos. Después de todo lo de aquel día, quería que se fuesen a dormir temprano.

Caminando de vuelta a la academia, nos apelotonamos en varios grupos para hablar de cosas distintas. Yo me acerqué a Tornado y, durante la charla, nos acabamos quedando rezagados.

-¿Y te dejan participar en este grupo a pesar de lo que tienes? -le pregunté.

-Sí... yo mismo lo pedí. Fue una cabezonería mía, y tampoco me arrepiento: este cacharro es bastante sofisticado. Me lo hicieron los de Golden Podium a medida.

-Y... -dudé antes de indagar-, ¿por qué? Es decir...

-Bueno... -él también dudó- a mí no me importa contarlo. ¿No te voy a incomodar?

Pero yo estaba decidida a escucharle, así que él, tras mi seña, comenzó.

-Correr, ha sido desde siempre mi pasión. Nunca he sido el más rápido, pero podría haberme pasado horas y horas corriendo sin cansarme y sin aburrirme de correr. Por eso, que aquel día de playa con mi familia que parecía tan perfecto acabase así... me pilló totalmente por sorpresa. Al parecer, el coche acabó tan mal que no lo pudieron reparar.

"Reconozco que cuando me desperté estaba desilusionado, pero siempre he sido un chaval optimista. Por eso, tras haber encajado el susto, me sentí un poco más fuerte, y se me ocurrió que quizás pudiera hacer como en las películas y convertir todo aquello en... ¿una bonita historia de superación? Luego me pareció una bobada, pero estaba aburrido allí tumbado en la cama del hospital, y no tenía otra cosa que hacer que reflexionar.

Entonces vinieron a visitarme aquellos hombres de esmoquin. No sabía quiénes eran ni qué querían de mí, pero al parecer llevaban observándome durante un tiempo, incluso antes de todo lo que había pasado. Cuando uno de ellos comenzó a hablar, se me olvidó por completo todo lo malo que abarcaba mi situación. Acepté su oferta sin pensármelo dos veces, desbordado por la emoción.

El trato que me ofrecieron me pareció más que justo: si yo me unía a Golden Podium, ellos se encargarían de amortizar todos los gastos necesarios para que yo volviera a correr. Y así, tras una serie de apaños a los que me adapté sin problemas, acabé firmando el mejor acuerdo al que he llegado en toda mi vida."

Cuando terminó, me di cuenta de que no sabía qué responder. ¿"Debió ser duro"? ¿"Menuda historia"? ¿"Parece una película"? Después de unos segundos de silencio, Tornado detuvo mi rápido movimiento de ojos con una risa que rompió el hielo.

-A esto me refería con lo de que no quería incomodarte.

-¡No, no me incomodas! -agité las manos-. Simplemente estaba... pensando.

-Ya, es todo surrealista -me ayudó-, pero no quiero que nadie se compadezca de mí. Lo que quería decir era que, no sé... Estoy viviendo un sueño. Y todo gracias a Golden Podium.

-Sí... miré a los demás con nostalgia-. Yo también estoy viviendo un sueño, pero...

-¿Pero?

Le conté por encima lo que había pasado con mi abuelo y algunas de mis inquietudes. ¿Y si acababa como él? ¿Y si alguien de mi equipo acababa como él?

-Es curioso -reflexionó-. Para ti Golden Podium es una bendición, pero también es una maldición.

-¡Sí, es exactamente eso! Da gusto que lo hayas entendido tan bien.

-Bueno, sólo trataba de verlo desde mi perspectiva. Y, respecto a ese asunto que te preocupa... -miró a mi equipo y, después, al suyo-. Quizás no soy el más adecuado para decirlo porque no soy el capitán de mi equipo, pero si tú quieres estar aquí y los demás también, yo seguiría adelante. Hay que pensar en lo que uno puede ganar y no preocuparse por cosas que no han pasado, ¿no? No podemos saber lo que nos va a traer el futuro.

-Claro -miré a su equipo y, después, al mío-. Acabo de recordar algo que yo solía decir. Cómo puedo ser tan idiota...

-Venga, no te machaques así. ¿Qué pasa?

Contemplé a todo mi equipo: Mia, Jetwick, Imala, Etsu, Mirta, Teck, Bobby y Delmet. Esos eran ellos. Luego, me giré a él y le sonreí.

-Que ir descubriendo el futuro viviendo el presente es, en realidad, la forma de la que me gusta vivir -me reí, posiblemente de mí misma-. Porque no saber lo que te va a deparar el futuro es, o eso creo, lo mejor que tiene la vida.

126. Inexplicablemente resistente

 Capítulo 126

Allan y Tornado chocaron lateralmente, pero Tornado se mantuvo sin ceder ni un ápice. Oí la tela de la pernera de Tornado rasgarse tras rozar con la de Allan y, cuando no pudo oponerse más a la fuerza de nuestro aliado, tropezó y cayó al suelo tras absorber el rebote de su propia fuerza.

Di un respingo, pero Allan no tardó en levantarse: se sacudió un poco el polvo y las rozaduras y siguió, sin la más mínima muestra de queja en su expresión. ¿Le ayudaría también su habilidad a lidiar el dolor?

Ridley hizo un gesto de frustración con el puño, se dio la vuelta y desapareció.

-Vale... eso ha sido muy raro -dijo Bobby, refiriéndose a Allan-. ¿Qué se supone que tiene ese chaval?

-Creo que es algún tipo de resistencia, pero no sabría decir cuál -respondí.

-Efectivamente -confirmó Teck-. Oí que había alguien en la academia con esa habilidad, pero me pareció tan macabro que no me lo creí.

-¿Qué habilidad?

-"Inmunidad", así la llaman, pero yo la llamaría "anestesia".

-¿QUÉ? ¿Significa eso que su habilidad consiste en no sentir nada? -puse los ojos como platos, y no fui la única-. ¡Eso es muy peligroso! 

-Bueno, como todo lo que hacemos aquí -se encogió de hombros-. Pero eso es algo que nos caracteriza mucho a los de Golden Podium: nos gusta meternos en el foco del peligro. Supongo que este chico no es la excepción.

Seguía sin sonarme bien. ¡Era demasiado macabro! Por mucho que no notara el cansancio, algo tendría que afectarle, ¿no?

-¿Qué excepción? ¡Ridley podría estar utilizándolo!

-Bueno, puede que sí -reflexionó Mirta-, pero, al igual que nosotros, ha venido a verlo. Sé que no solemos pensar bien de él, pero por algo será que lo ha hecho, ¿no?.

-Yo sí que creo que lo está usando, pero no es problema nuestro -rio Teck, buscándose las protestas de Mirta.

Fijé la mirada en los chicos mientras se alejaban pensando en que, por muy loco que sonara, Mirta tenía algo de razón. ¿Por qué si no habría venido Ridley a acera contraria? Además, después de verlo con su equipo cuando le gané en arborismo pude comprobar que, por tirano que fuese con nosotros, se sentía cómodo con los suyos, aunque sabía que si se lo contaba a mi equipo no me creerían.

-Bueno, ¿qué ha pasado con Tornado? -lo busqué en la lejanía -he de reconocer que nos ha salvado, pero el arañazo que le ha hecho Allan en la pierna le ha debido doler, por muy resistente que sea. Estoy algo preocupada por él.

Se hizo un silencio un poco raro. Alguien soltó una risita, no supe quién.

-Es impresionante que seas tan observadora para algunas cosas y que no te enteres de otras más obvias cuando te lo propones -se rio Teck.

-Algo de razón tiene -lo respaldó Bobby antes de que pudiera protestar-. ¿Qué te parece si vamos a recibirlos en la línea de meta y te lo explicamos todo allí? Total, Tornado nos acaba de hacer todo el trabajo.

Me encogí de hombros y asentí. Había sido un día muy largo y quería ponerle fin, descubrir a qué venían los secretismos y reunirme con los dos.

La meta no estaba demasiado lejos del punto, así que pudimos ir andando. Y menos mal, porque ya había tenido suficientes viajes en furgoneta por el momento. Delmet y Etsu ya estaban por allí; habían calculado tan bien los tiempos que casi parecía que nos hubieran leído la mente, y traían consigo un montón de cosas que servirían como avituallamiento. Habían encontrado un hueco para todos muy cercano al arco de la línea de meta, así que seríamos visibles.

Vi a cierta distancia una deslumbrante melena de un rubio cobrizo que me resultó familiar. Me imaginé que sería Zenas.

Entonces, llegaron.

Jetwick ya no parecía tan cansado y Tornado ni cojeaba. Levantaron la vista, se dieron la mano, las levantaron y, con un último acelerón que Allan no pudo alcanzar, cruzaron primero mirando hacia nosotros y después hacia la dirección en la que me había parecido ver a Zenas.

Silbamos y gritamos. No sólo íbamos recibir una buena cantidad de puntos, sino que habíamos quedado iguales, ¡y por delante del D-32!

Pasar a donde estaban fue complicado y tuvimos que esperar un poco para reunirnos con ellos. Durante la espera, el resto del H-45 apareció.

-Iban tan rápido que no había forma de pillarlos, ni con atajos. ¿Cómo habéis conseguido un sitio tan bueno?

-Ah... -miré a Teck-, nos han ayudado un poco, pero esa es otra historia. ¡Mira, ahí están!

Salí disparada a abrazar a Jetwick; no soy muy cariñosa, pero ese día había sido tan estresante que me sobraban los abrazos. 

-Lo has hecho genial.

Jetwick trató de mover las manos para responder a mi gesto, pero lo tenía agarrado tan fuerte que le era muy difícil saber lo que hacer. Cuando le solté, bajó la cabeza en agradecimiento, todo sonrojado, como era habitual en él.

Después, mientras mi equipo lo saludaba y jaleaba, me dirigí hacia Tornado con cierto aire de preocupación.

-¿Estás bien? Vi cómo el chico del D-32 te arañaba la pierna y...

-¡Ah! ¿Ésta?

Se golpeó la pierna con los nudillos con tan poca delicadeza que el sonido de los golpes me alarmó, cosa que se me debió notar en los gestos de las manos.

-¡Tranquila, Eria! -rió Tornado indicándome con un gesto que me relajara-. No es fácil tumbar a alguien como yo. Deja que te haga un pequeño resumen...

Cuando Tornado se levantó la pernera del pantalón con una miradita circunstancial que pretendía hacer la gracia, lo entendí todo. Por favor, ¿pero cómo no me había dado cuenta antes? Me enredé en una serie de justificaciones y disculpas absurdas que hizo que varios de los presentes rompiesen a reír.

-Sí, da un poco de grima, pero después te acostumbras -la miró Bobby de refilón.

-¿Cómo que grima? -sonrió Tornado con malicia-. Sólo es una prótesis. A Eria no le da nada de grima, ¿verdad? ¿O es que quieres verla más de cerca, Bobby?

-No, gracias -lo rechazó Bobby con firmeza.

-¡Yo si quiero! -exclamó Delmet. Para matarlo.

Mientras se gastaban bromas entre ellos, me di un tiempo para procesar esa nueva información. Claro, con ella había un montón de cosas que anteriormente no me cuadraban, pero que habían cobrado sentido.

-Bueno, esto habrá que celebrarlo, ¿no? -Zenas le dio a Tornado una palmada en la espalda y, a continuación, me miró a mí-. ¿Qué decís, F-06? ¿Os apuntáis a hacer algo todos juntos?

125. Una de las rectas finales

Capítulo 125

-¡Del, estás bien! -Mirta lo abrazó, sin importarle que estuviera empapado de haber llevado su ropa habitual bajo el traje-. Pero... ¿y tu ala delta? 

-La hemos escondido en la playa para que nadie la encuentre -sonrió con suficiencia-. Y bien, ¿te cuento todo lo que me ha pasado en el mar? Mira, todo empieza...

Las batallitas iban a durarle un rato, eso seguro. Me sorprendía que aún le quedase aire para hablar tanto después de su número de escapismo y de haber recorrido un trecho más largo del que esperaba.

-Gray pasó por aquí hace no mucho -explicó Teck-. Estaba un poco hecho polvo, pero es normal después de todo lo que lleva corriendo. Ese tal Allan le va pisando los talones, pero con nosotros delante no se ha atrevido a hacer nada raro. Tampoco hemos visto a Ridley.

-Eso es bueno -me alivié-. ¿Y qué hay de Tornado? ¿Está aquí? ¿Y... está bien?

-No, se fue cuando pasó Jetwick, pero no le había pasado nada -me contó Bobby-. Total, ¡cayó sobre la pierna buena! No se hizo ni un arañazo.

-Me alegro mucho, pero no entiendo lo que dices de la pierna buena. ¿Es algún tipo de expresión?

Todos se quedaron mirándome hasta que empecé a sentirme incómoda.

-Yo creía que lo sabías, Eri. No lo sé desde hace mucho, pero pensaba que era la última.

-¿Saber qué, Mia?

La radio nos interrumpió. Un momento: si Legend no era, ¿entonces...?

-¡Hola, hola, capitana del F-06! ¿Nos oyes?

¿Tornado? ¡Ah, claro! debía ir con Jetwick, porque se le escuchaba a través de su micro.

-¡Hola, te recibo! ¿Te han tratado bien mis chicos?

-Sí, aunque cuando vi aquella furgoneta misteriosa pasar por mi lado pensé que me iban a secuestrar, no te voy a engañar -rió-. ¡Pero aquí estoy, continuando la carrera con vuestro compañero! Ah, y que sepas que tu equipo no me ha llevado ni un kilómetro; no quiero que me coloquen en la Sala Pétrea.

-Te veo muy hablador para los kilómetros que lleváis -dije con ironía. Además, tal y como me habían mencionado, a pesar del accidente, Tornado no parecía afectado; de hecho, seguía igual de alegre y jovial que de costumbre.

-Bueno, se supone que aguantar es mi especialidad, y en una carrera como esta, donde dan tanto margen para terminar con la excusa de que somos muy pequeños, voy de lujo.

Tornado era perfecto para la prueba; probablemente quedase en muy buena posición. Me tranquilizaba que llevase a Jetwick con él, más aún en la parte más dura de la prueba.

-¡Seguiremos informando! -se despidió, cortando la conexión del micrófono.

Asentí satisfecha al ver que ya podía darle las siguientes instrucciones al equipo. Agradecía que, a pesar de mis decisiones, las cosas hubieran salido adelante.

-Bueno, chicos, este intento de seguimiento a nuestro candidato ha sido desastroso -reí, pensando en todo lo que nos había pasado en tan sólo aquel día-. Pero nos queda un tramo importante: la recta final.

-¿Y es literalmente la recta final? -levantó la mano Bobby.

-Bueno, sí y no: es una de las rectas del final -puse los ojos en blanco; muy agudo-. Digamos que es un tramo sin vigilancia cercano a la meta donde seguramente Ridley tenga pensado sacar su as de la manga. Allí es donde nos vamos a colocar.

-¿Y cuál es el plan? -preguntó Mirta.

-Pues... no tenemos -oí un rumor entre los compañeros-. Como no sabemos lo que va a hacer, no podemos preparar nada, pero confío en vosotros para detenerlo a tiempo, tal y como hicimos con los globos de agua.

Mia, Bobby e Imala asintieron satisfechos.

Y eso hicimos. Ocultamos la furgoneta, y, todos menos Etsu y Delmet, a quienes les di la orden directa de quedarse (no sin que Delmet protestara) llegamos hasta dicho tramo. Esperaba que Delmet lo de diera mucho la brasa a Etsu.

-Deberían estar aquí en cuestión de unos diez minutos -Teck miró su reloj-. Mira, Eria, parece que tenemos visita.

Sí: Ridley. Allí estaba, justo en la acera de enfrente. También miraba su reloj, así que probablemente estuviese esperando a su compañero. Era la primera vez que no lo veía tan pendiente de mí.

¿Y si no hacía nada? Ridley y yo no dejábamos de estar al mismo nivel. Igual ese día no le apetecía buscarme las cosquillas, pero no podía fiarme: no dejaba de ser Ridley.

En cuanto me vio, bajó de nuevo la cabeza a su reloj, sonriente. Intentaba hacerse el loco pero, al mismo tiempo, me hizo saber con su gesto que me estaba viendo claramente.

-¡Eria, aquí vienen!

Ahí estaban: Jetwick y Tornado, uno escuchando con una sonrisa y el otro contándole cosas muy animado, creo que no me hace falta especificar quién. Jetwick, al verme de vuelta, se le iluminó la cara por un momento para luego bajar la mirada. Iban a buen ritmo gracias a su mutua compañía, pero el tal Allan, el de las pecas y aspecto endeble, iba detrás.

Me fijé con especial atención en él: tenía la mirada perdida y estaba sudando, pero su ritmo era constante y bastante ligero; casi no parecía cansado. ¿Cómo lo haría? ¿Haciendo trampas? No... no podían arriesgarse a adelantarle pasos.

Entonces tuve una corazonada: ¿y si estaba cansado, pero era capaz de lidiar con ello de alguna forma que yo no comprendía?

-Eri... -Mia señaló su tobillo con el dedo tembloroso. Algo que yo pensaba que era una tobillera ancha normal asomaba a través de su pernera, pero en cuanto recordé que Allan venía del D-32 me vi venir los tiros.

-¡Jetwick! -todo el equipo se sobresaltó con mi tono de voz-. ¡Jetwick, detrás de ti!

Jetwick trató de procesar lo que trataba de decirle, pero estaba algo fatigado como para que sus reflejos no le traicionasen. Allan, mientras tanto, empezó a acercarse a ellos, cada vez respetando menos las distancias y tratando de buscarse un hueco en paralelo. Sabía que estaba a punto de pasar algo malo, pero no me atreví a quitar la mirada del tobillo de Jetwick.

Entonces Tornado lo comprendió. Tiró de Jetwick, lo empujó y sustituyó el tobillo de Jetwick por el suyo. Me tapé los ojos... pero lo que ocurrió fue, de alguna manera, inexplicable por lógica.

124. Frentes abiertos

Capítulo 124

-¡¿Qué?! ¡No fastidies! -exclamó Teck. Ni corto ni perezoso, acercó la cabeza y me arrebató el instrumento de un tirón, sin dejar que me quitara la cinta del cuello-. ¿Del H-45? ¿Estás segura de que es él?

-¿Quién si no iba a ser? -tiré de la cinta, ofendida, y dejé los prismáticos donde estaban. -Genial, ahora también Tornado. ¿Quién más se une a la fiesta?

-Eri, ¿estás enfadada? -Mia ladeó la cabeza.

Respiré hondo. Ya veía muy cerca la playa desde la carretera y, tarde o temprano llegaría la bifurcación en la que tendría que decidir lo que hacer. ¿Podría llegar la furgoneta hasta la playa o habría demasiada arena y se quedaría atascada? ¿Era conveniente alejar más aún la furgoneta de Jetwick o Ridley? ¿Y qué pasaba con Tornado? Era nuestro amigo, ¿pero era también nuestra responsabilidad?

-¡Agh! -alargué la primera A-. Id a por Tornado. Creo que puedo llegar hasta Delmet desde aquí.

-¿Qué? -Mirta abrió los ojos-. ¿Tú sola? No; voy contigo.

-No, iré yo sola -no era eso lo que quería decir, pero quería mantener a Mirta al margen, porque sabía que se llevaba mal con la preocupación por su amigo-. Es decir... sí, iré, yo. Vosotros id a por Tornado.

Miré a Bobby, recordando que solía huir de Tornado en el aula.

-No te importa que lo rescatemos, ¿no?

-¡Ah, claro que no! Ya no -arqueé una ceja-. Es decir, me chinchaba mucho antes, pero ya... Ya os explicaré.

-Ajá. Bueno... ¡Jetwick! -activé el auricular-. Hemos tenido un percance; bueno, un par, pero no tardaremos en solucionarlo. Si ocurre algo en carrera, avísanos igualmente, ¿vale?

Carita sonriente.

-Vale, pues... voy a abrir la puerta. Nos vemos.

Salí precipitadamente en cuanto la furgoneta paró. Algunos miembros del equipo trataron de decir algo, pero no les di tiempo para hacerlo.

Me deslicé colina abajo, con la vista en el mar. Todo el mundo estaba en la ciudad, así que aquella playa estaba desierta.

La situación de Legend era mucho más peligrosa de lo que estábamos considerando teniendo en cuenta que su querido armatoste podía arrastrarlo hacia abajo, pero le habían pasado tantas cosas y todas le habían salido bien... Traté de no pensar mucho en los detalles.

Una vez en la orilla supe que, efectivamente, me había precipitado al ir sola. Sí, había sido muy cómodo a la hora de bajar la ladera, pero ¿qué debía hacer ahora? Si le pasaba algo, ¿qué haría, sabiendo que la decisión la había tomado yo? No, otra vez esa sensación no...

Todo me abrumaba y la presión me hacía querer estar sola. ¿Habría sido muy egoísta?
Avancé por la costa, alerta a cualquier estímulo. Tenía que encontrarlo antes de que se hundiese, y necesitaba que él me diese todo el tiempo que pudiese darme.

"Legend, aguanta. Por favor".

Y, entonces, algo se movió y, por debajo, una silueta emergió desde las profundidades hasta la superficie. ¡Ahí estaba!

Me metí en el agua sin pensar, y me arrepentí en cuanto alcanzó mis rodillas, pero, afortunadamente, Delmet no estaba muy lejos. Parecía muy fatigado para ser una persona a la que le sobraba tanta energía y arrastraba como podía lo que debía ser su ala delta.

-Uf, capitana... tendrías que haberme visto -sonrió triunfante. Sus pasos eran tan torpes que temía que se cayese, así que extendí las manos hacia sus hombros y, cuando lo tuve cerca, le tendí la mano y tiré de él.

-Ya me lo contarás, pero primero vamos a sacarte a ti y a todo esto del agua.
El trasto pesaba lo suyo. Todavía me parecía increíble que Delmet hubiera aparecido allí caminando por su cuenta.

En cuanto salió del agua, se tiró a la arena y se quedó tumbado boca arriba, sonriendo satisfecho. Me senté a su lado, tratando de procesarlo todo, pero me seguía pareciendo increíble.

-¿Cómo...? Es decir, Estabas...

-Increíble, ¿verdad? -se rió-. Ni siquiera yo sé cómo he llegado hasta la orilla, pero ya sabes: se supone que soy el experto en estas cosas, y este era un ejercicio de escapismo en toda regla: había cuerdas, no sabía dónde estaba la superficie... ¿Te lo cuento? Venga, sí; te lo voy a contar.

Cómo no, no perdía la oportunidad de contar una batallita cargada de ficción. Normalmente lo mandaba callar antes de que empezase, pero, por primera vez, lo dejé hablar. Luego tendría que echarle la bronca por no revisar bien su material antes de utilizarlo, pero por el momento podía dejarlo hablar. Además, algo me decía que aquella historia tenía menos ficción que las habituales.

-La verdad, no sé cómo lo has hecho, pero has conseguido llegar a la orilla tú sólo. No es algo de lo que cualquiera pueda presumir, ya te digo, y menos mal.
Él se rió, esta vez como si le hubiera contado un chiste muy bueno, y entonces regresó mi dinámica habitual con él.

-Qué te parece tan gracioso -lo fulminé con la mirada.

-Pues... que te preocupes así por mí.

La ira se me vino abajo.

-¿Cómo?

-Sí, sueles tratarme distinto -justificó-. Normalmente me miras mal o me amenazas, como a un bicho molesto que tuvieras detrás de la oreja, pero sé por qué lo haces: para que aprenda. Eres como Tank: me tratas como a un inútil para que me mejore a mí mismo.

Fui abriendo los puños. En realidad, lo trataba así porque a veces no lo tragaba, pero no podía negar que buscaba constantemente sacar algo bueno de él al igual que hacía con todos los demás. Y cómo negarlo: Delmet era bueno en lo suyo, y muy bueno, pero no se lo iba a decir.

La cosa era que nunca me había planteado que él me percibiera así de gruñona con él, más que nada porque siempre me tenía en un pedestal. ¿Pero por qué me sorprendía tanto eso? Claro que él se daba cuenta de mi actitud; toda acción, como se suele decir, tiene sus evidentes consecuencias.

-De hecho, estoy aprendiendo mucho más que el año pasado -continuó-. Creo que es por eso que no me importa ser subcapitán: porque, tal y como pensé cuando renuncié al puesto, eres dura, y quería verte en acción.

Le evité la mirada. ¿A qué venía tanto cumplido? Tal y como él decía, tampoco había sido tan agradable con él como para que me siguiera teniendo tan alto, con lo que me pasaba con él.

Pero... sí, me había preocupado más de lo que iba a reconocer. Era cargante, ruidoso y muchas veces resultaba un estorbo, pero era parte del equipo y lo necesitábamos dentro, al igual que a Etsu y a los demás. Quería protegerlos a todos en la medida de lo posible. Además, yo también había aprendido alguna que otra cosa de él, sobre todo durante el día en el que nos conocimos. Tampoco pensaba decírselo.

- ¡Bueno! -me estiré-. Me alegro de que te esté sirviendo de algo, supongo. Ahora que hemos descansado un poco, ¿te ves preparado para seguir con esto?

- ¡Claro, yo siempre estoy listo! -quiso levantarse de un salto, pero le salió una croqueta un poco torpe-. Bueno, ¿adónde tenemos que ir?

-A la ciudad. Creo que lo que está pasando te va a resultar... interesante.

123. Baches y accidentes

Capítulo 123 

Mi deber como capitana era proteger a mi equipo, o eso deducía. Pero, ¿qué pasaba cuando no era capaz de hacerlo? La pregunta en sí no tenía una solución que sirviera para todo, y eso me dejaba con un vacío incómodo en el estómago: siempre había sido un alma libre hasta entrar en la academia, una con pocas responsabilidades sobre los demás. Y, desde que fui elegida capitana, había pasado de ese extremo al contrario, pero gente como Delmet me había enseñado que no podía proteger a todo el mundo. 

¿Pero qué había de Etsu? Apenas se metía en líos, pero era igual de vulnerable que todos los demás. A cualquiera del equipo le podría haber pasado algo. ¿Qué podía hacer yo ante algo así? ¡Jolines! Empezaba a entender por qué todos estaban tan preocupados cuando Ridley había intentado arrastrarme a las profundidades, y no tenía nada que ver con ser fuerte o débil.

-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? -me di cuanta de que quizás me había venido arriba haciendo preguntas, así que traté de serenarme y bajé un poco mis manos inquietas.
-Ah, sí -se dio la vuelta, sonriente y apacible. Parecía muy tranquilo, pero no pude evitar tensar los hombros y aspirar entre dientes cuando vi que uno de los cristales de las gafas se le había resquebrajado.
- ... -levanté un poco la mano, como si las gafas fueran mías y, lentamente, tratase de quitármelas.
-Ah... -miró hacia ambos lados, como si mi reacción lo hubiera despistado, y se acercó un dedo a las gafas-. Sí, esto... Un golpe sin importancia, nada más.
-¿Seguro que no tiene importancia? ¿No deberíamos avisar a alguien?
-¡Seguro! -no paraba de sonreír, como si le hiciera mucha gracia mi nivel de preocupación, pero se llevó una mano a un lado de la cabeza, observando las gafas que sostenía con la contraria-. Bueno, aún duele un poco y me encuentro algo mareado, pero eso es todo. Aunque, claro, si soy el estratega, pero no puedo pensar... Supongo que eso me deja inútil.
Ciertamente, Etsu parecía un poco desorientado. Para ser el friki de diccionario que todos conocíamos, no parecía muy resuelto con las palabras y titubeaba un poco más que de costumbre.
-No digas esas cosas -lo miré con irritación-. Sois mi equipo, no herramientas ni nada por el estilo. Ni siquiera yo estoy al cien por cien siempre; ¿qué tiene de malo que no puedas estarlo tú hoy?
-Es cierto...  cosas de perfeccionistas -se encogió de hombros-. Pero eso haría que haya más responsabilidad sobre ti. A decir verdad, me siento un poco culpable...
-¡Qué dices! En todo caso, la que debería sentirse culpable soy yo, que soy vuestra capitana. Menudo susto me habéis dado con tanto secretismo.
-Bueno... -titubeó-. Ya sabes cómo es Teck; es más sensible de lo que quiere admitir. Respecto a lo de sentirte culpable... toda la situación ha sido un accidente. No diría que es culpa tuya, por muy responsable que quieras hacerte de ella.
-Sí... -miré al horizonte y después a la furgoneta-. Supongo que tienes razón. Pero se acabaron los secretismos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo -asintió con una sonrisa.
-Sé que no es algo normal en mí, pero ¿puedo darte un abrazo?
-Sí que no es normal en ti, pero te lo permito -contestó con timidez.
Y lo abracé, porque verme tan cerca de que pasara algo malo había hecho que lo necesitara.
Fuimos hacia los demás, procurando ir tranquilos para que todos pudieran ver que las cosas estaban bien. Era un alivio que el problema sólo hubiera sido ese, pero dejar a Etsu incapacitado seguía siendo un inconveniente, porque eso nos dejaba sin estratega.
Estaba volviendo a la furgoneta cuando oí un estallido tremendo procedente de la ciudad.
-¡Eria, Etsu! ¡rápido!
Nos apresuramos como pudimos y subimos. No, más problemas no...
-¿Qué ha pasado ahora? ¿Qué ha sido eso?
-Creemos que un derrumbe -me informó Bobby, señalando una nube de polvo en un punto de la ciudad mientras Teck trasteaba con la radio, soltando exclamaciones en voz alta para probarla mientras se ajustaba los cascos. Miró a Mirta -ah, y cómo decirlo... bueno, lo digo: también pasa que a Delmet lo han saboteado.
-Cómo que lo han... Esperad, mirad allí.
Algo muy grande comenzó a caer en diagonal hacia la playa, cada vez más cerca del mar. ¿Sería? No, me negaba a creer que esa sensación estuviese volviendo otra vez.
-Vamos a ver, calma -dije en voz alta, más para mí que para los demás -entonces tenemos un derrumbe en la ciudad y a Legend en el mar. ¡Jetwick!
Tras unos segundos larguísimos, obtuvimos respuesta del led. Me calmé, pero no respiré más despacio.
-Vale, vale, Jetwick está bien, pero Legend... Entonces la prioridad... -quise recurrir a Etsu, pero cuando lo vi con los dedos sobre la sien tratando de procesar la situación, recordé el problema y le hice un gesto para que dejase de pensar-. Teck, ¿hay algún punto que nos deje a la misma distancia de ambos puntos... o algo así?
-Bueno, tanto para llegar a un sitio como a otro hay que bajar por la carretera, así que quizás allí...
-Perfecto: vamos hasta allí.
Nos pusimos en marcha a todo trapo y sin dilación alguna. Todo era tan complicado... Teníamos que rescatar a Delmet cuanto antes, pero todo apuntaba a que eso era lo que Ridley quería que hiciéramos, y eso dejaría sin cobertura a Jetwick. ¡Maldita sea!
A más nos acercábamos, mejor se veía lo que se había derrumbado: era un lateral de un puente de piedra. No estaba muy alto, pero sí cerca del lugar por el que pasaban los corredores. ¿Sería Ridley el responsable? Estaba frita por echarle la culpa, pero también entendía que no todo suceso desafortunado tenía que ver con él.
-¡Eh, eh! ¡Mirad allí! -señaló Mia.
Me fijé en el punto hacia el que miraban mis compañeros justo a tiempo para ver cómo alguien a quien no identifiqué caía bajo el puente rodando por el suelo. No había sido una caída tremenda, pero menudo susto se había tenido que llevar. Cómo lo comprendía.
-¡Alguien acaba de tener un accidente! -Mirta se llevó las manos a la cabeza.
Todo el equipo, agitado, comenzó a murmurar.
-Que no cunda el pánico -observé con atención al accidentado-. Apenas hay unos metros de caída y aún tenemos que ir a por Legend, así que seguro que estará bien. Teck, ¿tienes prismáticos?
Me colgué la cinta del cuello. En cuanto pude ver con detalle la escena y hube identificado al caído, me quedé con la boca abierta.
-No...
-¿Qué pasa, capitana?
Dejando unos segundos de margen y bajé los prismáticos con la mirada perdida.
-Es Tornado.

122. Dueños de las carreteras

Capítulo 122

Teck giró bruscamente el volante, haciendo una maniobra demasiado arriesgada, evitando como pudo a los motoristas.
-¿Q-qué habéis hecho? - nos gritó, frenético, mientras Bobby se disculpaba una y otra vez.
-¡Ya te lo explicaremos! ¡Tú acelera!
Teck tomó las curvas de las calles con más habilidad de la que cabría esperar con una furgoneta. El par de motoristas que nos seguía zigzagueaban detrás de nosotros, tratando de colocarse en paralelo con maniobras de dudosa legalidad. Por todo lo que rodeaba la situación, debían ser más jóvenes que el motorista promedio, e imaginaba que lo que buscaban era salirse con la suya.
Una de las motos se pegó a nuestro costado e intentó aproximarse lo máximo posible. Para evitarlo, Teck frenó, lo dejó atravesar la carretera de un lado a otro y volvió a acelerar, esta vez a todo lo que daba.
-Si los tiro, me meteré en un problema -apretó los dientes-. Tenemos que alejarnos de la competición. ¡Agarraos!
Los dejamos atrás. Imala no tuvo otra que bajar una ventanilla, sacar el arco y disparar una flecha con efecto.
-¡Imala! -la reprendí, pero me mordí la lengua al ver cómo el lugar al que apuntaba no era el casco de los motoristas, sino uno de los globos que había el la fachada de un edificio, sujetando una cinta decorativa que habían colocado allí para el evento. La cinta se soltó y uno de los motoristas tuvo que evitarla de un manotazo, para lo que tuvo que frenar.
-Esto... ¡Bien hecho! -la felicité, pero traté de centrarme mientras ella cargaba una segunda flecha. Intentó apuntar a las ruedas, pero sus movimientos en ese lo hacían todo muy difícil-. Etsu, ¡necesitamos un plan!
-Necesitamos dirigirnos hacia las afueras -informó, deslizando el dedo sobre su teléfono desde el asiento del copiloto-. Tenemos un plan, pero supondrá tomar un alto porcentaje de riesgo.
-Estamos preparados -se aferró Teck al volante, sin dejar que nadie más dijera nada.
Seguimos avanzando. ¿Cómo podíamos ir tan rápido? Seguro que Teck le había hecho algo al motor, o quizás las motos tenían pinta de ser más potentes de lo que en realidad eran, lo que era posible a juzgar del estado en el que habíamos encontrado la que había tirado Bobby. Como fuera, podríamos mantener la delantera durante un rato, pero si no los despistábamos nos alcanzarían. Todo dependía de la maniobra que tenían entre manos aquellos dos y, a juzgar por su seriedad, podía salir muy mal si no nos centrábamos. Ya notaba el corazón golpeando mis costillas.
Cruzamos un túnel hasta llegar a una colina. Ya estábamos bastante alejados de la competición, pero habíamos subido lo suficiente como para dejar a nuestra izquierda unas vistas bastante amplias de la ciudad. A nuestra derecha, entre nosotros y el mar, teníamos una ladera irregular y ningún quitamiedos que nos separase de ella. Por último, frente a nosotros había un puente del cual colgaba de un par de cables delgados una pancarta rectangular que podría cubrir a varias personas que anunciaba el evento de hoy. Entonces, vi claramente lo que tenía que ocurrir.
-¡Imala, la pancarta! -ordené.
Tan pronto como oyó mis instrucciones, Imala dirigió su arco hacia los cables y, justo antes de entrar en el túnel, comenzó a gastar sus flechas. Por mí mejor; así no tendría que pedir que las reemplazara...
La tensión siguió aumentando. Un disparo: El cable se aflojó; otro más: se soltó. Necesitábamos ir más deprisa...
-¡Rapido, Imala, RÁPIDO!
Y ella, tensando el arco hasta su límite, destruyó el último cable, dejando la tela caer mientras nos adentrábamos en el túnel.
-Necesito que os agarréis muy fuerte -Teck bajó la cabeza-. ¿Listos?
Asentí. A nadie más le dio tiempo a responder.
-¡VAMOS ALLÁ!
Y, nada más salir del túnel, Teck se desvió de la carretera y nos vimos en el aire.
Noté cosquillas en el estómago. ¿Qué estaba pasando? Tomé aire y, a través de las ventanillas, vi bajo nosotros una carretera más ancha, perpendicular a la que habíamos dejado sobre nosotros. Habíamos tomado tanto impulso que ni tocábamos la ladera.
Entonces, aterrizamos estrepitosamente.
Todo lo que había dentro de la furgoneta se revolvió con violencia. Me agarré como pude y traté de mantenerme firme para no chocar mi cabeza contra la de nadie, pero mi envergadura no me libró de moverme de un lado a otro como si varias personas a la vez tirasen de mis hombros. Me doblé hacia delante tratando de luchar contra toda aquella fuerza y, entonces, todo paró de golpe.
Mi cabeza dio un topetazo contra el reposacabezas. Ay...
Hubo unos segundos de silencio. La furgoneta estaba detenida completamente en mitad de aquel carril desierto y sólo se nos oía respirar mientras el motor, de fondo, trataba de bajar revoluciones como si lo hubiera pasado igual de mal.
Oímos zumbar a las motocicletas sobre nosotros, cada vez más lejos. Por fin...
-Estáis... ¿estáis todos bien? Preguntó Mirta, mirando a su alrededor.
-Yo sí, o eso creo... -me froté la nuca, viendo alrededor las caras conmocionadas de todos los que íbamos detrás-. ¿Teck?
-¡Gah! -dio un golpe contra el volante con la mano floja-. Pensé que no lo contábamos. ¿Verdad, Etsu?
Etsu no respondió.
-¿Etsu? -pregunté, un poco asustada.
Él meneó la cabeza, la dirigió hacia Teck y volvió a mirar al frente.
-¿Todo bien? -le preguntó Etsu.
Etsu contestó con una respuesta larga y serena, pero el tono de su voz y su posición en los asientos de delante le bajaban el volumen y no me dejaba entender lo que decía. Teck, igual de bajo, le lanzó algunas preguntas inaudibles a las que él respondió con brevedad.
-Vamos a hacer una parada en el mirador -anunció Teck, tomando los mandos de nuevo y saliendo del carril-. Será sólo un momento.
Paramos cerca del mirador (un sitio alto con vistas a un acantilado, cómo no). Aún con un poco de tembleque, salí de la furgoneta y me reuní en círculo con todos, dejando que ellos dos hablasen aparte sin dejar de vigilarlos, lo cual me servía de poco: ambos me daban la espalda.
-¿Nadie está herido?
-De milagro -se estremeció Bobby, y todos le dieron la razón-. ¿Has visto cómo nos seguían? Estaban mal de la cabeza.
-Pero Imala ha hecho un buen trabajo -ella bajó la cabeza solemne. Me ahorré el comentario sobre el material de sus flechas-. Buf... Me alegro de que haya quedado en un susto.
-Sí, yo estaba muy asustada -reconoció Mia con los ojos vidriosos, pero sacudió la cabeza-. ¿Crees que Etsu también?
-Agh -me rasqué detrás de la cabeza, justo donde me había dado el golpe, que por suerte no parecía nada grave-. No lo sé, pero tengo que hablar con él. No le veo buena pinta a esto.
-¿Y qué hacemos nosotros, capi?
-Vigilad la furgoneta; Jetwick o Delmet podrían darnos mensajes en cualquier momento -chasqueé la lengua. El alias de Delmet era tan poco elaborado que, a más lo decía, más me costaba pronunciarlo sin que me diese vergüenza ajena.
El grupo asintió. Entonces, busqué el punto en el que estaban los otros dos y me dirigí a ellos. Teck al oír mis pasos, se giró hacia mí con una sonrisa deslumbrante, pero no me creía que hubiera dejado atrás los nervios tan rápido.
-¡Ah! Os dejo solos. Necesito volver a lo mío, informar a los demás -se intercambió conmigo, bajando la mirada al césped enseguida. Tragándose todo lo que sentía, cómo no. Aun así, no lo presioné.
Crucé los dedos y caminé lentamente hacia Etsu. ¿Le habría pasado algo? Aquella idea me ponía más nerviosa de lo que estaba dispuesta a hacer notar.

121. Nebulosa acuática

 Capítulo 121

Juraba que lo mataba. Es que juraba que lo mataba.
Pusó el botón de la dispensadora varias veces. Aunque por dentro algo me arrastraba a entrar en pánico, mantuve mi postura defensiva. ¿Qué debía hacer para cubrirlo? ¿Saltar? Uf, tenía que saltar.
Ridley dobló el brazo... y lanzó uno, bombeado.
-¡Jetwick! -grité mientras Mia se echaba a correr hacia los de la máquina.
Hice rodar la botella de agua bajo la valla. Jetwick levantó la cabeza al oír mi voz, asintió y, sin dejar de correr, se acuclilló un segundo.
No sé cómo lo conseguí: puse un pie en la valla, me lancé tras el globo y, pasando por encima de la calle de los corredores, justo cuando Jetwick se agachaba, lo atrapé en el aire. Aunque tenía el aterrizaje controlado, algunas personas se apartaron sobresaltadas cuando aterricé en la acera contraria, más de una lanzándome maldiciones. Yo, sin tiempo que perder, me incorporé y lancé el globo hacia la otra dirección. No sé si le acerté a Ridley.
Jadeé. Menudo frenesí. La maniobra, milagrosamente, había funcionado, pero ahora me encontraba al otro lado de la carretera, con mi compañera al otro lado y Jetwick aún bajo riesgo de alcance. Me di la vuelta y me aferré a la valla. Contuve la respiración nada más vi, unos metros hacia delante, un segundo globo que volaba hacia Jetwick.
¡PLOF!
Cuando me retiré la mano de la cara, lo que vi fue una nébula de gotas resplandecientes dispersarse por encima de Jetwick. Una flecha, intuyo que de Imala, zumbó por encima de nuestras cabezas y se clavó en la parte alta de un árbol.
Suspiré, no sé si de alivio o de irritación. Ya me iba a tocar echarle la bronca a Imala por no llevar flechas blandas, me dije abriendo y cerrando el puño.
-¡Jefa, hay que volver!
Di un respingo. Cómo volver... Justo: había una pasarela que me llevaría hasta ellos, y estaba abierta.
Me eché a correr a toda pastilla hacia ella, esquivando a todo el que pude, y dirigí mis pasos hacia el callejón del que habíamos venido. Sin embargo, En cuanto vi a Mia abalanzada sobre Ridley mientras Mystery trataba de retenerla, me vi obligada a cambiar de dirección y cargar hacia ellos. 
Grité. No podía frenar. Entonces, Ridley consiguió liberarse y arrojó un globo hacia mí.
Apreté los párpados y me cubrí con el codo. ¡PLOF!
Abrí los ojos. Justo enfrente mía, un chico corpulento al que reconocí al instante sostenía hacia ellos la tapadera de un cubo de basura. ¡Bobby!
-¡Agrupaos! ¡Tenemos que volver! -gritó.
Mia, Imala y yo nos colocamos detrás de él mientras los otros dos intentaban responder a nuestras maniobras. La dispensadora seguía emitiendo zumbidos y, uno detrás de otro, varios globos empezaron a caer en manos de Ridley.
-¡Retirada!
Nos fuimos con Bobby sosteniendo la tapa a nuestra retaguardia hasta que, un par de callejones después, conseguimos perderles la vista y tener cobertura suficiente.
Nos sentamos a descansar a la salida de una callejuela, en el mismo suelo.
-Vaya... No sé cómo hemos conseguido coordinarnos así, pero ha sido increíble -dije entre resuellos.
-¿Has... has visto cómo me he echado encima de ellos, capi? -Mia apretó los puños con emoción, no sin antes retocarse los mechones de pelo que se le habían quedado fuera de las coletas. Tenía la ropa empapada.
-Sí... pero Imala también lo ha hecho genial, como de costumbre, y Bobby ha estado brillante.
Imala asintió y Bobby, sonrojado, agitó las manos, evitando hablar para reservar aire. Estaba bastante satisfecha con los progresos que había hecho; cada vez se tomaba los entrenamientos más en serio y estaba consiguiendo que su fuerza no sólo saliera fuera a través de la ira, sino cuando él la necesitaba.
-Capi... ¿crees que vendrán a por nosotros? -preguntó Mia, agarrando la manga de mi sudadera.
-...No -respondí, poniéndome en pie-. Es Jetwick y Allan quienes les interesan, no nosotros. Claro que vendrán a estorbarnos para que no podamos ayudarle, pero ahora que nos hemos alejado les sería una pérdida de tiempo seguirnos. En fin, ¿volvemos?
No estaba nada segura de lo que estaba diciendo, pero intenté sonar rebosante de confianza. A juzgar por las caras complacidas de mis compañeros, funcionó.
Obedeciendo mis indicaciones, comenzamos a andar. La furgoneta estaba cerca y teníamos tiempo de sobra, así que, de una manera quizás un tanto inoportuna teniendo en cuenta que la carrera aún no había terminado, la sensación de logro empezó a calarnos sin que ni yo pudiera detenerla.
-¿Visteis cuando pasé por encima de las vallas? ¡Y de un salto! -presumí.
-¡Sí, y cuando Imala disparó, o cuando Bobby apareció con el escudo como si fuese un superhéroe!
-¡Ah, venga ya! -Bobby se restó importancia, se dio la vuelta y caminó de espaldas-. No sé si es que he visto demasiadas pelis de superhéroes o que Delmet me está lavando el cerebro, pero pensé en lanzar la tapa en el aire y...
-Bobby, ¡Bobby, cuidado!
Nunca caminéis de espaldas. Bobby pisó el borde de la acera, dio un traspié y, desesperado por no caer al suelo, se apoyó en lo primero en lo que pudo posar el brazo, que fue una motocicleta negra mal aparcada que, de un sólo toque, se ladeó y cayó de lado. Mia y yo conseguimos atrapar a Bobby en el aire.
-¿Qué estabas pensando? -le regañé-. ¡No vayas así por la calle! ¿Te he contado alguna vez lo que me pasó una vez por no mirar al frente mientras corría por una acera?
-¡L-lo siento! -se volvió con nerviosismo hacia la motocicleta-. ¿Está bien? ¿Se ha arañado?
-No demasiado -la inspeccionó Imala con una rodilla clavada en el suelo-. No obstante, a juzgar por su apariencia, diría que este vehículo pertenece a un individuo explosivo.
Sí... no es que me gustase juzgar, pero ni las pegatinas que decoraban la motocicleta ni las que había aparcadas cerca de ella presagiaban nada bueno.
-Ya... estaba bastante arañada de antes, pero si su dueño tiene mal carácter, esto podría meterte en un problema -puntualicé, y me encogí de hombros cuando, al ponerla como estaba, vi el mal estado en el que ya estaba la motocicleta-. De todas formas, estaba bastante mal aparcada, así que algo de culpa tiene este tipo por cuidarla tan mal dejarla aparcada de una manera tan inestable.
-Y... ¿qué hacemos? -preguntó Mia.
-Ugh... no podemos retrasarnos -suspiré-. No le has hecho nada grave, así que mejor vámonos y...
Miré a los lados y, con horror, vi a un grupo de chicos mayores que nosotros con chaquetas de cuero sobre los hombros.
-Y... eso, vámonos.
Mi equipo debió entenderme al instante por la cara que puse. Discretamente, seguimos caminando, cada vez con paso más rápido.
-Detrás, hay una fuerte corriente energética detrás -susurró Imala.
-Sí, nos están siguiendo. Mirad, ahí está la furgoneta. ¡Vamos!
Nos montamos apresuradamente. Teck abrió la boca para decir algo (probablemente a quejarse porque Mia le estaba mojando los asientos), pero lo interrumpí al instante, insistiendo, sin dejarle protestar.
-Arranca. ¡Arranca, vamos!
Teck se encogió de hombros y obedeció, tomando una curva para dejar la calle atrás. Suspiré aliviada.
-Legend nos acaba de indicar el siguiente punto y nos dirigimos hacia él -nos informó Etsu mientras Teck aminoraba la velocidad para entrar en una nueva calle-. Respecto a vuestra decisión apresurada... ¿A qué se debe?
Levanté un dedo para explicarme, pero las palabras se me atascaron en cuanto dirigí la vista a la carretera.
-B-Bobby... -señalé al frente con los ojos como platos.
Él contuvo el aire, pálido como una sábana: allí, justo en el carril contrario, estaban los motoristas. ¿Cómo nos habían alcanzado tan rápido?
-Teck... -musité, alzando mi voz quebrada al final de la frase-. ¡Teck, sácanos de aquí!

22 sept 2021

120. Otra broma pesada

Capítulo 120

Paseé la vista por los alrededores dando toques con la botella en la valla. Nada interesante... Salvo una especie de máquina que vi a unos metros de mí. De lejos parecía una boca de incendios, pero después de fijarme de nuevo vi que parecía una dispensadora.
Dos chicas que parecían de mi edad se acercaron y me taparon su vista. Traté de asomarme por un lado, pero fue inútil; me estorbaban. No iba a conseguirlo, así que volví a mirar hacia la carretera.
De pronto comencé a sentirme observada: otra vez las dos chicas. Seguro que se habían pensado que me estaba fijando en ellas: vi por el rabillo cómo me señalaban con una risita.
-¿Puedo ayudarlas en algo, señoritas? -apoyé el codo en la valla y crucé las piernas con aire pasota. Mia se giró.
En cuanto me miraron a la cara, cambiaron un poco el gesto. Seguramente me habrían confundido con un niño de un par de años menos; no era la primera vez que me pasaba. Lo mismo me tomaban por un mirón.
-En nada, gracias -una de ellas hizo un gesto con la mano. Algo en ellas no me gustaba,-. ¿Así que Golden Podium?
-Sí -bajé la vista hacia la chapa que llevaba en el pecho. La otra comenzó a reírse-. ¿Algún problema?
-Nada, nada. Es por un par de cosas que hemos oído sobre vosotros, como lo de que os gusta saltaros las normas y ser desorganizados. Esperemos que esta maratón no sea tan desastrosa como los rumores que se dicen por ahí.
Ja, ja, me partía. A saber cuál sería la suya: llevaban la misma estúpida chaqueta.
Cómo no, Mia me leyó el pensamiento y dijo el nombre por lo bajo.
-¿Y a vosotras cómo os va en Satelis? -sonreí ampliamente-. ¿Se puede vivir allí o sois tan creídos que es imposible aguantaros porque no sabéis pasarlo bien sin criticar?
Me miraron con asco y se apartaron, dispuestas a irse.
-¡Esperad! Creía que nos estábamos llevando bien. ¿También es costumbre dejar plantada a la gente en vuestra academia? ¡Podemos salir a tomar algo!
Mia empezó a reírse. Vaya, sabía que en otras academias las cosas funcionaban distinto, pero de ahí a que hubiera gente tan rancia suelta...
Volví a mirar a la máquina. con un poco de suerte podría adivinar para qué servía... Oh, no.
Alguien más estaba delante, y esta vez era mucho peor. Tenía el pelo muy rubio, con la parte de atrás algo peinada hacia arriba, vestía como un niño bueno sin serlo y lo acompañaba una chica gótica con mechas moradas: era Ridley Left. Cómo no, Mystery estaba a su lado.
-¿No hace buen día, Jumps? -se volvió a mí. En la mano, por algún motivo, llevaba un globo de agua que hacía bailar en su palma.
-Lo hacía -escupí, conectando el auricular-. Ridley, ¿qué se supone que haces con eso?
-Me lo ha dado la máquina -se encogió de hombros-. Es totalmente legal. ¿No lo sabías? Parece ser que eres la única.
-Eri, es verdad -susurró Mia-. Puede lanzarlo.
¡¿Podía?!
-Eria, han puesto puntos con obstáculos a lo largo del recorrido. ¿Lo recuerdas? -me habló Mirta a través del auricular-. ¡No puedes dejar que Ridley le acierte a Jetwick!
-¿Y quién narices ha permitido esto? -farfullé.
-¿No lo conoces? -Ridley sonrió de lado-. Vaya... creía que había algo especial entre tú y el director Morrison, pero parece ser que sólo era un triste rumor.
¡¿Morrison?! Sería verdad. Tenía todo el sentido que la idea hubiese salido de él, ¿pero a QUIÉN se le ocurre gastarle bromas a los corredores?
-Como te atrevas juro que te mato.
-Ya estás tardando -miró a Mystery y ella asintió-. Pero te lo advierto: lo mismo hago que te arrepientas de lo que estás a punto de hacer.
Y, justo cuando eché la vista atrás, apareció Jetwick.

20 sept 2021

119. Comunicación no verbal

Capítulo 119

No hay nada mejor que un comienzo con un viaje en furgoneta y buena música de fondo. Estuvimos cantando y tarareando canciones mientras duró la marcha, contemplando las vistas de la ciudad a través de las ventanillas. Apenas había gente en las calles por las que no pasaba la maratón, así que el trayecto fue tranquilo y agradable hasta la primera parada.
Jetwick ya debía de estar pasando el noveno kilómetro. Aparcados a un lado, no quitábamos los ojos del panel de luces, pero ninguna se iluminaba.
-Jet, ¿cómo vas? ¿todo bien?
La cara sonriente se iluminó.
-¿Seguro? -insistí, pero la respuesta fue la misma.
-Legend, ¿podría devolvernos imagen? -pidió Etsu.
-Imagen ¡VA!
La tableta no tardó en captar a nuestro corredor.
-‎Ha bajado el ritmo -susurré, desconectando el auricular-. No me fío un pelo.
-‎Es Jetwick -Mia se encogió de hombros-. Puede con todo. Pero Eri tiene razón.
-‎Lo que le pasa a Eria es que sigue comportándose como si fuera su madre.
-‎Calla, Teck -ordené-. Puede que en la línea de salida me haya pasado, pero conozco a Jetwick lo suficiente como para saber lo que necesita sólo por sus gestos.
-‎¿Significa eso que necesita ayuda? -se interesó Mirta.
-‎Sí y no -aclaré, preparada para volver a conectar el auricular-. Está bien, pero deberíamos comprobar que todo está en su sitio. Oye, Jetwick, ¿hay algo que necesites?
Ninguna respuesta.
-¿Agua, quizás? Hace calor. Puede que te venga bien. ¿Te parece buena idea?
Luz con un pulgar hacia arriba. Bingo.
-Necesita agua -me desconecté-. Era eso o azúcar. Me lo esperaba cuando vi que llevaba un ritmo distinto. Le estaría restando importancia.
-‎Es apreciable el vínculo sin palabras que existe entre ambos, mis compañeros -recitó Imala juntando las palmas de las manos.
-‎Supongo -me rasqué la parte de atrás de la cabeza-. Después de todo, somos mejores amigos.
-‎Sí, sí. Bueno, ¿y qué hacemos? -quiso saber Teck- ¿Nos acercamos a él?
-Depende. Legend, aleja la cámara.
-¡Alejando, capitana!
La imagen habló por sí sola: ni en broma podríamos. Sería muy difícil avanzar y, aunque llevásemos cristales oscuros, podrían descubrirnos.
-Las calles están llenas de gente. Lo mejor será que alguno de nosotros vaya a pie; yo podría hacerlo. No estamos muy lejos del tramo por el que va a pasar.
-‎Yo voy con Eri -se ofreció Mia.
-‎De acuerdo -asintió Teck-. Me quedaré en la paralela. Tenéis las bebidas en la parte de atrás. Os acerco, le dais lo que sea y volvéis. Procurad no tardar... demasiado.
...
-No me puedo creer que te hayas traído una muñeca contigo, Mia. ¿Y si la pierdes?
-¡Es que...! -se excusó ella-. ¡Es que me da suerte! ¡Y Jetwick necesita MUCHA suerte!
-Bueno... -suspiré-. Eso es verdad. Pero la próxima vez déjala en la furgoneta, ¿de acuerdo?
-¡Sí! No pasará nada, Eri. La ataré a mi cintura cuando tengamos que correr.
El tramo que habíamos elegido estaba un tanto desierto en comparación con otras partes del recorrido, pero había algunas personas pululando por allí. Era normal teniendo en cuenta que no era una zona precisamente bonita: gris, llena de edificios en ruinas bastante feos, algo de suciedad y casi todo asfalto. Sólo los banderines de la maratón y el vallado le daban colorido.
Mia sentó a su muñeca en la valla mientras yo echaba un vistazo al móvil. Teck me había instalado algo para que pudiese comprobar por dónde iba Jetwick y, según veía, aún quedaba un poco para que llegase. Sólo quedaba esperar.

15 jul 2021

118. Conversaciones en el coche

Capítulo 118

-‎Su nombre es Allan, pero apenas disponemos de información sobre él -explicó Etsu-. No tenemos conocimiento sobre su habilidad o la relación que mantiene con el resto de su equipo.
-‎Lo que yo no entiendo es: ¿por qué alguien como él? -hice gestos con las manos-. No parece la clase de persona que aguantaría el ritmo de una maratón.
-‎Eso digo yo -me señaló Bobby desde el asiento de atrás-. Que yo no soy quién para juzgar a nadie, pero al menos soy consciente de que no aguanto ni medio kilómetro.
-‎¡A lo mejor su apariencia es engañosa! -Mirta me guiño un ojo.
-O quizás oculten algún oscuro plan entre las sombras- susurró Imala llevándose los dedos índice y corazón de ambas manos a los labios.
-‎Seguramente. El D-32 la tiene tomada con nosotros, así que es posible que nos estén guardando algo sucio.
-Iugh -Mia hizo una mueca.
-‎Como si importase -resopló Teck levantando una mano del volante-. Me trae sin cuidado lo que pretenda toda esa gente.
Mirta puso los ojos en blanco. Tan fantasma como siempre.
-‎Teck, nos hace falta un plan para contraatacar. ¿Recuerdas lo que son capaces de hacer?
-‎Necesitaríamos datos para poder elaborarlo -me corrigió Etsu-. Datos de los que carecemos
-‎Ya has oído a mi compi -rió Teck-: no es momento de pensar en ellos. Vamos, yo no me voy ni a molestar en dedicarle un segundo a un equipo tan lleno de imbéciles.
-‎Bueno, aparte de Ridley, no sé qué pensar del resto. Allan no parece gran cosa y Mystery es buena gente -todos asintieron-. Rex no. Es como un perrito faldero. Ese me cae mal.
Teck silbó y todos se pusieron a aplaudir. Se ve que acababa de decir lo que todos pensaban, y verlos así hizo que me diera la risa hasta contagiarlos a todos.
-¿Es que no me habéis escuchando? ¡En mi furgoneta ni nombrarlos! -repitió Teck, tratando de parar de reír-. Venga, vale, ahora en serio: ¿por qué no ponemos algo más agradable en el ambiente?
Etsu, respondiendo a su comentario, pulsó un botón de la radio, haciendo sonar una canción de un par de décadas de antigüedad.
-¡Eh! -exclamó Teck con aire ofendido-. ¿Etsu? Ese no era el disco que tenía puesto. ¿Puedes quitar tu música y poner la mía?
Etsu rió por lo bajo y supe de sobra por qué: a Teck se le había olvidado cambiar el disco, dejando dentro el mismo que llevaba puesto cuando habíamos ido a por el material. Echarle la culpa a Etsu era su forma de guardar las apariencias, y qué suerte que estuvieran ahí para cubrirlo.
Me giré y le sonreí a Mirta con picardía. Creo que todos sabíamos de sobra de quién no era el disco.
-¿Poner tu música? -Mirta ladeó la cabeza con aire inocente- a mí me gusta esta.
Me tapé la boca para contener la risa. Se la acababa de jugar, pero bien.
-¿Sí? ¿E-en serio? -habría dado cualquier cosa por haberle visto la cara a Teck.- Bueno, supongo que no está tan mal... Vale, vale: sólo esta.
No sé por qué le pasaba, pero cuando Teck hablaba con Mirta se comportaba como si no tuviera neuronas, lo que me hacía muchísima gracia. Al menos esta vez no le había improvisado un poema.
-¡Capitana! ¿Me recibes? -la potencia del grito de Delmet me sobresaltó-. ¡Ya tenemos imagen!
Etsu se hizo con la tableta y me la pasó para que pudiera enseñarla al resto. ¡Se veía la línea de salida con todo detalle! Hasta me pareció ver entre la multitud la melena despeinada de Jetwick.
-¡Jetwick! -activé mi micro-. ¡Buena suerte!
El led de la carita sonriente se iluminó. Perfecto: los guantes funcionaban.
Una nube de confeti apareció tras los corredores y, entre vítores, pudimos oír el pistoletazo de salida. La música de Teck nos tenía animados, así que la imagen nos hizo levantar los puños.
¡Equipo! -grité- ¡hora de ponerse manos a la obra!

117. Línea de salida

Capítulo 117

-Muy bien, repasemos... -lista en mano, eché un vistazo de arriba a abajo a la equipación de mi compañero-. ¿Llevas los guantes de leds?
Jetwick asintió.
-¿Las zapatillas atadas? ¿El micro encendido? ¿Estás seguro de que lo llevas todo?
-Eria, que no eres su madre -se mofó Teck.
-Calla un momento, ¿quieres, Teck? ¿No puedo tomarme la molestia de que mi compañero esté preparado?
Jetwick sonrió. Hacía un día soleado, despejado y con la temperatura perfecta para salir a la calle sin abrasarse de calor. De momento todo había salido a pedir de boca y no esperaba menos de la carrera.
La verdad es que nos habíamos esforzado bastante para dejar todo cubierto antes de aquel día. Hasta habíamos escondido una cámara el cuarto de Jetwick por si Ridley se la jugaba mientras dormía, pero ni un solo movimiento sospechoso. Eso me hacía pensar en dos opciones: o Ridley sospechaba de que estaba siendo grabado o creía que podría con nosotros, cosa en la que, por supuesto, estaba equivocado.
-Bien, Jetwick, parece que estás listo -le coloqué las manos sobre los hombros-. Recuerda: nos tienes ahí. Usa los guantes y el micro, ¿de acuerdo? Y, oye...
No sé por qué me dio por hacerlo, pero lo abracé. Fue algo espontáneo, algo que ni siquiera pensé antes de hacer. Lo que leéis: yo, Eria Jumps, dando abrazos.
-...buena suerte, Jetwick. Confiamos en ti.
Tras el abrazo, me lo vi con la mirada perdida y sonrojado de pies a cabeza, creo que sonriendo. Se dio la vuelta para comenzar a caminar hacia la línea de salida, pero sus pasos eran lentos y torpes. Si se tropezaba antes de llegar, con algo de suerte caería sobre césped.
Lo despedí con la mano. Se había esforzado muchísimo a pesar de todo lo que había pasado recientemente. Debo confesar que estaba muy orgullosa de él.
Cuando me giré, me vi a todo mi equipo poniendo caras traviesas, juntando las yemas de los dedos y levantando las cejas. Sus sonrisas bobaliconas me ponían nerviosa.
-Venga, no seáis así -puse los ojos en blanco-. ¿Cuántas veces tengo que decir que no hay nada de eso?
-¿Nada que tú sepas? -Bobby bajó la cabeza-. Eria, ¿tú te has visto?
-Ha sido divertido -rió Mirta, tapándose la boca con una mano.
Suspiré. A decir verdad, nunca me había parado a pensar en ello con detalle. ¿Qué debería haber?
Antes de que pudiera llegar a ninguna conclusión, mi equipo ya se había esfumado. Miré a mis lados y los encontré caminando hacia el horizonte, a varios metros de distancia: tuve que esprintar para alcanzarlos.
Golden Podium no se encontraba excesivamente lejos, así que apenas gastamos tiempo en ir al aparcamiento subterráneo y meternos en la furgoneta, ahora convertida en nuestro transporte de suministros. Hasta le habíamos retocado el sistema de radio para poder comunicarnos mejor entre nosotros. Empezaba nuestra parte del plan, la más divertida de todas.
El plan era simple: nos mantendríamos comunicados por auriculares conectados a la radio y sabríamos el estado de Jetwick gracias a los guantes de leds: sólo tendría que pulsar un par de botones sobre sus nudillos y la señal se enviaría a un panel con símbolos como caras sonrientes, exclamaciones y demás cosas que nos dirían si iba bien o no.
-Teck, Etsu, activad la radio- ordené-. Llamad a Legend.
Delmet no estaba con nosotros en aquel momento: era el encargado de aportar la vista aérea desde su ala delta, así que debía estar a punto de salir si es que no estaba ya en el aire. La radio soltó un pequeño zumbido antes de que pudiéramos oír su voz.
-¡Ey, capitana! ¡Hace un día estupendo para levantar el vuelo!
-Dejemos el teatro aparte, Legend. ¿Cuánto te queda?
-Sólo saltar, ¡y me muero de ganas por hacerlo! En cuanto esté os mando la imagen, OK?
-Entendido. No tardes demasiado.
En cuanto Legend echase a volar, lo veríamos todo desde la tableta de Etsu. No podía esperar para ver cómo funcionaba el invento.
-¿Nos ponemos en marcha? -preguntó Teck echando la vista atrás, preparado para soltar el freno de mano.
-Por supuesto -lo apunté con el índice. El motor comenzó a ronronear-. Mia, ¿tienes el informe sobre los rivales que se han presentado a la carrera?
-Tornado está -no paraba de mover las piernas, como si ver tantos nombres juntos le hiciese una tremenda ilusión-, no sé, el resto son de fuera, Eri. Espera: está Allan, de los malos del D-32
Levanté una ceja.
-¿Quién es Allan?
-Lo conoces seguro -habló Bobby-. Es el chaval este del D-32 que llama poquito la atención.
-Yo también lo recuerdo -Etsu enderezó la espalda desde el asiento del copiloto-. Se trata del estudiante con aspecto enfermizo que sirvió a Left durante los acontecimientos de la guerra de comida.
-Sí, el que sujetaba las cajas de cereales -puntualizó Teck.
-¿Ese? -se podía notar en mi voz que me resultaba difícil creerlo. No pude evitar bromear sobre el asunto-. ¿Ese chico tiene nombre?

116. Recuerdos de un día encapotado

Capítulo 116

-¿Estás segura de que este es el lugar?
-Completamente. Sigue recto.
Maletero cargado, sólo nos quedaba hacer una cosa más antes de volver a Golden Podium: cumplir mi pequeña petición personal. No esperaba menor actitud de sorpresa cuando llevé a Teck hasta la costa con mis indicaciones.
-¿Me tomas el pelo? Hay mil tiendas y sitios a los que ir en pleno centro. ¿Qué se te ha perdido en la costa? No hay tanto que hacer...
-Ya verás. Sólo espero que no me hagas demasiadas preguntas y te portes bien.
Puso los ojos en blanco.
Aparcamos la furgoneta en la esquina de un solar cubierto de polvo y arena. A pesar de ser mediodía, no había más que unos cuantos turistas repartidos por los alrededores. Y vallas: muchas vallas.
-Hace demasiado calor para estar fuera un día como hoy -puntualizó Teck-. Lo suyo sería no tardar mucho... a no ser que hayas traído bañador.
No me corto en decir que Teck fue bastante pesado durante todo el camino: se quejó, preguntó mil veces las mismas cosas, etcétera. Por suerte, ese día la paciencia me duró más que otras veces, quizás porque iba pensando en mis cosas. Sólo cuando nos acercamos al sendero de tierra y rocas que llevaba a nuestro destino pareció percatarse de adonde quería ir.
-Espera un momento -detuvo mi escalada-, ¿no estarás pensando en...?
Tampoco contesté. Quien calla, otorga.
Ahí fue cuando, por fin, decidió cerrar el pico. Teck era una persona a la que todo le traía sin cuidado, pero recordemos que me había visto caer aquel día y hasta me había ayudado a defenderme. Nunca lo reconocería, pero algo se preocupaba por mí.
Era verdad lo de que hacía calor: tuvimos que detenernos en mitad de la escalada para descansar un poco. Teck por lo menos iba en manga corta: yo me vi obligada a quitarme mi valiosa sudadera y a atarla a mi cintura.
Entonces llegamos: un bosque vallado, zarzas mustias y un puñado de rocas en escalera a metros de distancia sobre el nivel del mar. Estábamos, por fin, en el antiguo mirador. Respiré hondo, di unos pasos y perdí la vista en el horizonte.
Teck se cruzó de brazos y esperó. Sólo cuando se aburrió de estar allí de pie decidió romper el hielo.
-¿Este era el sitio al que tanto querías ir?
Asentí. Inspirando hondo, me acerqué con cautela al borde para tener mejores vistas.
-Te parecerá un poco raro que te lo haya pedido -reí con un toque de incomodidad.
-Supongo, más teniendo en cuenta que Ridley te empujó hasta ahí abajo.
No sé por qué, reí más alto.
-Ya, ya. Qué locura de día, ¿verdad? -me agaché un momento-. Ridley está mal de la cabeza, yo aún peor. Pero qué te digo... Sonará masoquista, pero necesitaba volver a este sitio para hacer un poco de terapia de choque.
No me cuestionó. Asintió con más seriedad a la que yo estaba acostumbrada a ver en él.
-Menuda historia tienes tú con los acantilados -puso los ojos en blanco-. Tú y tu familia.
Me había leído bien. Era evidente que todo acantilado por el que pasaba me hacía pensar en mi abuelo. Suspiré.
-Ya me ves... aunque dudo mucho que mi abuelo cayera por aquí -No hice comentarios al respecto, pero aquel no se parecía al sitio de mis sueños-.Debió ser en otra parte donde arriesgó su vida.
-Arriesgar su vida... -bajó la cabeza y siseó, puede que riendo por lo bajo-. No pretendo ofender, pero... ¿arriesgarse por una competición? Hay que ser demasiado suicida para hacer algo así.
-Eso creía yo, pero... no sé, tuvo que haber algo más. No es que mi abuelo tuviese mucha cabeza, pero por lo que sé de él no era tan idiota.
-Ahora me dirás que alguien lo asesinó.
-Ya pensé en eso, pero he investigado por mi cuenta y todos los testigos dicen que nadie lo empujó. Teniendo en cuenta que era una competición importante y que estaba su equipo allí, no me cuadran las cosas. Es decir, vosotros ocho me visteis...
-Vaya que te vimos, Eria. Como que Jetwick se dio cuenta antes y nos puso a todos al corriente por si acaso. Por cierto, sí que avisó rápido el amigo; se ve que no sólo corre en la pista.
Jetwick. Nunca decepcionaba.
-Espero que en la maratón le vaya bien -pensé en voz alta-. Los otros equipos, incluido el de Ridley, no se lo van a poner fácil. Por eso quería venir antes aquí: para fortalecerme. En otras palabras, para estar preparada.
-Vamos, que querías quitarte el susto de la última vez.
-Eso lo describe bastante bien, sí...
Teck se rió a carcajadas.
-Pues no es que te quiera desmotivar, pero por las caras que llevas poniendo desde que llegamos diría que aún te queda para que se te quite.
Lo miré arqueando las cejas y me pasé una mano por la mejilla.
-¿Tan mala cara tengo?
-Un poquito, sí -representó con el índice y pulgar-. Es ver un acantilado y se te va el color. ¿No prefieres que nos vayamos?
Parpadeé, forzándome a mirar abajo una vez más.
-Tan cabezota como siempre -se encogió Teck de hombros-. Escucha, Eria, tómate esto con calma: es sólo miedo. Puede que no se pase en un día, pero podrás superarlo, más si te pasas el día saltando desde edificios.
Supongo que tenía razón: que sólo los acantilados me dieran vértigo era lo menos malo de todo lo que me podría pasar. Con una palmada en el hombro, mi compañero me espabiló un poco.
-Eria, como no nos movamos nos va a dar una insolación aquí arriba. Cuando lleguemos a la furgoneta pondré el aire acondicionado, ¿de acuerdo? -sonrió.
-Me has convencido -suspiré una vez más-. Además, ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Ya estoy más centrada.
-¿Seguro? -levantó una ceja.
-Desde luego -sonreí con decisión, sintiéndome mucho más segura que antes allí arriba-. Este acantilado, por lo menos, lo tengo más que superado.

115. Secretos no placenteros

Capítulo 115

Puede que no lo creáis si lo cuento, pero Teck, al volante, no era la misma persona... para bien, supongo. Se comportaba de una manera inusualmete cauta, como un padre de familia acostumbrado a ir por carretera.
-¿Cuándo empezaste a conducir, Teck? -pregunté con curiosidad.

-‎¿A conducir como ahora? Pues... diría que hace un par de años -dejó caer.

-¿Y cómo aprendiste?

-‎Fue divertido -torció la cabeza-. Me informé, practiqué, etcétera. Como puedes imaginar, no es lo más complicado del mundo si alguien de mi edad puede hacerlo. Además, esta furgoneta tiene retoques que me facilitan el trabajo.

Sonaba interesante para venir de Teck. Habría continuado escuchando si mi móvil vibrando no me hubiera interrumpido.

Maldecí. Era mi madre. No esperaba bronca esta vez, pero tampoco una conversación brillante.

-Dime, mamá.

-‎Nereida, cariño, ¿estás pasando frío últimamente?

No, no estaba pasando frío y era la segunda vez que me lo preguntaba.

-No, mamá...

-‎...tengo una chaqueta nueva que lo mismo te mando en un paquete.

-‎¡Mamá!

Teck no hacía más que reírse de las caras que ponía. Después de debatir lo mismo de mil maneras distintas, conseguí zanjar la conversación y colgar. Menuda ayuda para el estrés...

-¿Ese es tu móvil? -exclamó Teck-. No te veía con uno de los buenos. ¿Desde cuando lo tienes?

-‎Me lo regaló mi tío antes de venir, pero juré usarlo sólo para llamadas -suspiré.

-Pero qué dices. ¿De verdad vas a desperdiciar todo el potencial que tiene ese cacharro? Si tu tío te lo regaló es porque quiere que lo uses. Hazme caso: un día me lo dejas y le hago un par de cosas.

¿Debería fiarme? Supuse que sí: era Teck. No tenía rival a la hora de trabajar con máquinas. Además, ahí tenía razón: no tenía sentido que quisiera hacer durar un móvil que sólo usaba para hacer llamadas.

Me encogí de hombros y miré por la ventana. Cuando creía que la conversación que había tenido ya se había olvidado, Teck soltó:

-Cómo se nota lo que quieres a tu madre -se mofó de mí.

-‎¿Qué? ¡No! Es decir, ¡sí, pero...!

Tuve que esperar a que parase de reírse.

-No es que no quiera a mi madre, Teck. Es... distinto.

-‎No os lleváis.

-Tampoco es eso. A ver, mi madre es muy buena persona, pero a veces me da la sensación de que siempre comparte lo mejor que tiene con personas que no son yo.

-Te tiene algo.

-No... no creo. Me quiere muchísimo, pero cuando me meto en líos o hablo sobre Golden Podium, es como si no fuera ella. Está hasta más sensible desde que se "fue" mi padre.

Antes de que a Teck pudiera cambiarle la cara, crucé con energía los brazos por delante del pecho.

-¡No, no! No es que mi padre... Es decir, mi padre está vivo. Perdido, pero vivo, aunque soy la única que no sabe donde está.

Teck levantó una ceja ante mi extraña explicación.

-Sé que resulta difícil de creer. Se fue de casa hace muchos años por trabajo, según dicen. Pero... tiene que haber algo más.

-Pinta hasta interesante. Es como una telenovela, sin ánimo de ofender -se encogió de hombros; yo puse los ojos en blanco-. Y... ¿No tienes curiosidad por saber de él?

-Sí y no. Es decir, ¿abandonar a la familia por trabajo? Me va a costar perdonarle algo así. Pero... Me pregunto cuál es el verdadero motivo por el que lo haría, sobre todo si tiene que ver conmigo. Toda mi familia menos mi tío parece tenerme miedo. Pero... ¿y si no es miedo? ¿Y si es otra cosa?

-Lo mismo es... ¿respeto? Es decir, como el que le tiene Bobby a los paralímpicos de Golden Podium. A veces se pone de sensible... Ya sabes, le cuesta no compararse con gente.

-¿Hay un curso de paralímpicos en Golden Podium?

-Claro. De hecho, lo tienen por las nubes. No hay quien haga una broma sobre ellos.

-¿Son buenos?

Asintió sin decir nada, mirando al frente con las pupilas distraídas. Iba a preguntarle lo que pensaba cuando empezó a sonar una canción que no esperaba.

-Eh -me detuve a escuchar-, ¿un tema de los setenta?

-¿Y? -me lanzó una mirada socarrona-. ¿Te gusta?

Me detuve a reflexionar sobre la situación.

-Creía que sólo escuchabas música "actual" y electrónica porque la "antigua" te echaba para atrás.

-¡Sorpresa! -se encogió de hombros.

-¿No es eso... vivir de las apariencias?

Después de decirlo no pude evitar recordar la conversación que había tenido con Mia al salir del establo.

Le dejé tiempo para contestar. Sabía que en el fondo Teck tenía más personalidad, pero a veces hacía ciertas cosas que me llevaban a pensar lo contrario.

-Llámalo como quieras, Eria -negó, sin apartar la vista de la carretera o dejar de sonreír- pero si me acusas de ser así es porque no me conoces, y si hablamos del yo de antes ni te cuento. ¿Te digo a qué me dedicaba?

Me imaginaba lo que iba a decir, pero no le interrumpí.

-Solía molestar en pandilla a un chico de mi curso -respondió.

Ni me sorprendí.

-Tiene gracia -continué.

-¿El qué?

-Yo solía ser la gafe a la que molestaban las pandillas.

-¿Porque te gustaba meterte con ellos?

-Porque según ellos soy bajita y poco femenina, pero no niego que me gustaba meterme con ellos. Además, era la mar de ingeniosa con las bromas. Por eso se me da tan bien meterme contigo.

-Já, já -imitó una risa forzada-. Una pena que ya no sea así. Después de muchas veces llega a ser aburrido reírse así de la gente.

Tan orgulloso como siempre.

-Tendrás que contarme esa historia algún día...

Frenazo. Fue una sacudida tan violenta que hasta teniendo el cinturón tuve que agarrarme al asiento.

-¡¿Teck?! -me quejé. Aún me zumbaba la cabeza.

-‎Un segundo.

Aprovechando que no venía nadie, metió marcha atrás.

-Aquí vamos a aparcar -dijo con un tono alegre-. Mira lo que tenemos delante.

Era una tienda de fútbol con varias camisetas en escaparate.

-Tenemos que entrar, Eria -me persuadió con los ojos brillantes-. Es mi equipo favorito y apenas hay tiendas oficiales suyas. ¡Por favor!

Teck, frente a aquello que realmente le gustaba, tampoco parecía el mismo. Era como si el veinte por ciento de él se convirtiese en azúcar o como si hubiera encogido.

-De acuerdo -cedí, incapaz de darle un no por respuesta-. Pero, a cambio, después de comprar el material vas a tener que llevarme a un sitio.

Puso los ojos en blanco, pero no hizo ningún comentario. Aparcó, paró la furgoneta y se bajó corriendo.

-Supongo que eso es un sí... -dije en voz alta.

114. Toneladas de equipamiento


Capítulo 114

Etsu llevaba la cuenta del dinero, así que fuimos de cabeza a buscarlo. Tuvimos suerte de cruzarnos con él de casualidad.

-Etsu Anzai -abrí los brazos-, dime cómo lo hacemos para encontrarnos siempre por el pasillo.

Él sonrió con timidez y nos enseñó la lista con el material.

-Veinte discos en botiquín -enuneró-, veinticinco en habituallamiento, ciento veinte en gasolina, treinta en otras reparaciones...

Cuanto más subían los números, mas deseaba que Etsu terminara de hablar.

-Y... ¿Cuál es el total? -me crucé de brazos con una mecla de miedo e interés.

La dijo. Sentí un escalofrío.

-Y eso es todo -concluyó como si nada, cerrando su libreta de apuntes -. Tan sólo necesitamos que alguien del equipo se pase a recoger la cantidad en físico antes de que termine el día.

Me sentía mareada. Todos aquellos gastos eran equivalentes a muchos, muchísimos discos. Esperaba que nuestros ahorros fueran capaces de cubrirlos todos.

-Yo pasaré por ventanilla -me ofrecí-. Mientras tanto, id pensando en más competiciones para reponer dinero. Ah: cuantas más mejor.

Delmet se frotó las manos.

Me despedí de ellos y salí corriendo. Fui eficiente: en cuanto me separé del grupo, me materialicé delante del mostrador, con el móvil en un bolsillo por si ocurría algo a última hora.

-Buenos días -saludé con educación, poniéndome de puntillas para que se me pudiera ver bien la cara-. Eria Jumps, capitana del F-06. Me gustaría sacar algo de dinero de la cuenta común del equipo.

La mujer del mostrador me miró de reojo, probablemente comprobando con una foto mi identidad.

-Buenos días, señorita Jumps. ¿De cuánto estaríamos hablando?

Que me llamaran señorita me crispaba un poco, pero traté de no reflejarlo. Cuando estaba a punto de decir la cifra en voz alta, noté el móvil vibrando en mi bolsillo.

Lo que faltaba. Comprobé mirando a los lados que no había nadie más esperando y saludé a la mujer con una sonrisa torcida.

-¿Me disculpa un momento? -me excusé casi sin esperar a que ella asintiera, y caminé hacia una esquina ocultando la cara.

-Maldita sea, Teck, ¿qué quieres ahora? -farfullé.

-Yo también me alegro de escuchar tu agradable voz -rió con ironía-, pero no te llamaba precisamente para oírla.

-¿Y bien? -levanté una ceja esperando su respuesta.

-¿Estás sacando ya el dinero?

-Sí -resoplé para hacer notar mi impaciencia-. ¿Qué pasa?

-Verás, hay algo que no estaba en las cuentas y Etsu me ha pedido que te avise de ello. ¿Sabes que mañana hay una feria para...?

-Para derrochar dinero sin causa alguna en vez de simplemente comprar equipamiento como las personas normales.

-¡Exacto! Y el equipamiento no es barato, así que estaríamos hablando de...

Y lo dijo. Me quedé blanca y sin habla, pero él siguió parloteando:

-...Así que nos toca ir juntitos a por todo lo necesario esta tarde. Ve preparándote para una agradable vuelta en furgoneta. Por cierto...

Colgué.

-Ya está -anuncié en el mostrador-. ¿Podría acelerar un poco el proceso? Tengo algo de prisa por llegar a un sitio.

Y, quince minutos después, me encontraba gritando rabiosa en la Sala Pétrea, con la cara enrojecida y las manos llenas de fruta mohosa para arrojar contra las estatuas.

-Para nada se te nota el estrés -Teck agachó la cabeza para esquivar una naranja mustia que por poco le despeina la cresta.

Respiré angustiada. Parecerá una tontería si lo cuento, pero qué gusto daba desahogarse con las estatuas.

-Ah, Teck -dije con poco entusiasmo-. ¿Desde cuándo estás ahí?

Él, con una mueca, levantó las manos por delante de su cabeza.

-Pero si llevo aquí desde hace más de cinco minutos -Abrió y cerró los puños. Tenía las manos llenas de pintura: probablemente había estado encargándose de cubrir los graffitis de la furgoneta para darle un toque más discreto. Habíamos tenido una discusión al respecto sobre cómo decorarla un par de días antes. "Yo creo que si la camuflamos como una furgoneta de mercancías podría estar bien", había opinado yo. "Sí, claro, y ya de paso la pintamos de colores y decimos que vendemos helados", había refunfuñado él. "¿Quieres entonces que nos pare un policía, Teck?". "Mujer, con lo que me costó pintarla la primera vez ya podrías tener un poco de tacto". "Pero si la has decorado con ordinarieces". Etcétera, etcétera.

Estampé un plátano contra la cabeza de un tal Luis Resto. Tomé aire; poco a poco me iba encontrando mejor.

-Entonces tenemos que salir esta tarde con la furgoneta -repetí-. ¿Lo... lo tienes todo listo?

-Por supuesto -me hizo una reverencia.

Ocultando el dinero, bajamos por el oscuro pasadizo de su habitación hasta llegar a un bulto tapado por una tela. Teck tiró de ella: unos destellos de un azul grisáceo me hicieron parpadear.

Bajé mi linterna. Vaya... la había dejado preciosa. Y encima le había dado un toque antiguo y discreto que nos sería de gran ayuda.

-Bueno -se miró las uñas-. ¿Subimos?

Asentí. No se lo había comentado a nadie, pero antes había un sitio por el que quería pasar.

113. Preparativos y accidentes

Capítulo 113

Después de nuestra batalla, tal y como yo quería, todo el drama entre Ridley y yo se sumió en una tregua muy oportuna y necesaria. Al fin podía poner todos mis sentidos en la siguiente competición: la maratón de Azuria. Jetwick había entrenado muy duro, y se acercaba la hora de demostrarlo.
Con ese mismo propósito, todos menos él, a quien habíamos mandado a descansar, habíamos decidido reunirnos para hacer una puesta a punto. Puede que Golden Podium limitara las plazas a un representante por equipo, pero eso no significaba que no pudiéramos hacer nada para seguir el evento: Jetwick iba a necesitar apoyo, y ahí era donde entrábamos nosotros. En cuanto Jetwick necesitase ayuda, pondríamos la furgoneta de Teck en marcha, y entonces vendría la parte divertida.
La reunión fue más corta de lo que esperado, pues cuando quise comenzar me di cuenta de que dos de nosotros habían faltado a la cita. Me faltó poco para pillar un berrinche, pero en cuanto me di cuenta de quiénes se habían ausentado, me limité a bajar los hombros y preguntar con aire cansino:
-¿Otra vez?
Y, efectivamente, no tuve ni que preguntar por el lugar: allí estaba Mirta, plantada en uno de los asientos cercano a enfermería.
Me recosté a su lado con los brazos tras la cabeza sin decir palabra, preguntando con un deje aburrido:
-¿Qué ha sido esta vez?
-Oh, pues... -Mirta se revolvió en el asiento sin levantar la cabeza. Como de costumbre, se estaba preocupando demasiado-. Trató de saltar de una estructura a otra.
-A ver si adivino: él las revisó.
-...las construyó.
-Ah, qué bien.
-Creo que gritó tu nombre al saltar.
-No me lo puedo creer... -puse los ojos en blanco.
-Ya, bueno...
La actitud temerosa de Mirta casi me contagia su extraña tristeza, pero recordar el motivo por el cual estábamos allí trajo de vuelta mi pasotismo.
-Eria... -entrelazó los dedos-. ¿Estará bien?
-Mirta, por favor... -Me levanté, aferrando el picaporte. No es que sea la más paciente del mundo, pero traté de ser delicada con ella-. ¿Tú que crees? Esta historia no acaba nunca. Seguro que, en cuanto menos te lo esperes, intenta echar la puerta abajo y se pone a gritar...
-¡NUNCA HE ESTADO MEJOR EN MI VIDA! -recibí un portazo en toda la cara que me dejó bastante aturdida, pero mis reflejos me cubrieron, empujando la puerta hacia dentro y salvándome de acabar aplastada.
-¡¿Quieres comprobar que no haya nadie al otro lado cuando abras, pedazo de animal?! -levanté la voz.
Delmet dejó que la puerta se cerrase a sus espaldas, luciendo la misma sonrisa de siempre. Bueno, casi: se había partido la esquina de un incisivo.
-Esto... -quise hablar, pero Mirta me desconcentró: corrió hacia su amigo con los ojos llorosos como si la vida le fuera en ello y enterró la cabeza en sus brazos. Él, inmovilizado, negó con la cabeza y sonrió.
-No ha sido nada, mujer -trató de acariciarle la cabeza en un gesto que pretendía ser cuco-. Bueno, eso de que no ha sido nada... Quiero decir, ¡ha sido un salto glorioso! ¿Has escuchado mis proezas, capitana?
-Escuché que diste un salto y gritaste mi nombre.
-...Y encima te dediqué un salto -Me apuntó con dos dedos y guiñó un ojo.
-Delmet, céntrate un poco: queda menos de una semana para la carrera. Además... me hace falta tu ayuda.
Se separó de Mirta.
-¿Has dicho... que me necesitas? -sus ojos echaron chispas-. ¿Para la maratón?
Dio un par de vueltas en círculo gesticulando con los brazos. Interpreté que esa era su forma de contener la alegría. Mientras tanto, me acerqué a Mirta y le susurré tapándome la boca con el dorso de la mano:
-¿Podrías buscar al equipo e informar de la situación?
-¡Por supuesto! -se llevó una mano a la frente. Aunque aún le brillaban los ojos, por fin había recuperado la cordura. Se despidió agitando la mano y desapareció en menos de un segundo.
Por fin, Delmet se detuvo. Tras parpadear un par de veces, preguntó:
-Bien, ¿para qué hago falta, capitana?
-Veamos... -me crucé de brazos-. Tu punto fuerte eran los deportes de riesgo, ¿verdad?
Él asintió.
-¿Y... cómo se te da ir por el aire?
Él inspiró con fuerza con los ojos brillantes por la emoción. Su excesiva energía me hacía dudar de él, pero me recordé a mí misma que, dentro de deportes con normas peligrosas pero mundanas, se comentaba que era cierto que Delmet era realmente bueno. Sólo cuando trataba de ir más allá del reglamento se daba sus habituales batacazos.
-Adoro ir por el aire -sonrió, luciendo su pequeño accidente-. ¿Qué tengo que hacer?
-Necesito que hagas un seguimiento de la carrera a vista de pájaro. Te daremos una cámara para que puedas cumplir. Bueno... -me señalé los incisivos- en cuanto te arreglen eso.
-Ah, ¿esto? Ya tengo la cita pedida. Para cuando sea la carrera ya lo tendré listo, prometido -se llevó un puño al corazón-. Pero, capitana, mi ala delta necesita un lavado de cara. ¿Queda presupuesto?
Me apoyé en la puerta. Hablar de dinero me deba mal cuerpo, pero qué le íbamos a hacer...
Ahora tocaba, de nuevo, buscar a Etsu.

112. A quién defender

Capítulo 112

¡Había ganado!
No cabía en mí de júbilo. Los monitores parpadearon; ahora era yo quien aparecía en primer plano.
Después de todo aquel esfuerzo, por fin lo había conseguido. ¡Había conseguido ganar!
No supe contenerme. Con un grito de júbilo, doblé las rodillas y salté hacia atrás, acortando en unos segundos toda la distancia que me separaba del suelo. La gravedad me produjo un cosquilleo, y ni tras el impacto con el inflable pude dejar de sonreír.
Aún con la sonrisa en la cara, esperé a que mi cuerpo dejase de botar sobre el colchón para poder incorporarme. Repito: hacía tiempo que no sentía tanta felicidad junta.
Me senté, pero cuando fui a levantarme, un torbellino con dos coletas me derribó hacia atrás.
La abracé entre risas. Mia...
Estaban todos.
Jetwick me tendió el brazo, ayudándome a incorporarme. Su media sonrisa parecía decirme:
"Sabía que lo conseguirías".
-Y yo que creíais en mí.
Se sonrojó a la vez que yo levantaba las cejas. ¿Qué clase de conexión mental acabábamos de tener?
-¡CAPITANA!
Alguien inconfundible que tampoco paraba de sonreír me arrastró por los hombros y me sacudió.
-¡Eh, capitana, por fin lo has machacado!- cuando Delmet me soltó, sentí que volvía a caer-. Es decir, yo podría haberme plantado enfrente suya y dejarle las cosas claras hace un tiempo, pero entiendo todo ese rollo personal entre él y tú, ya sabes...
Todos parecían tener algo que decirme, cada cual a su manera. Hubo más gente que se me acercó, pero yo sólo tenía ojos para mi equipo. Pasaba de las pantallas, de los comentaristas... un poco de todo.
-¿Ya les has demostrado lo que les querías enseñar? -los señaló Mia.
-Mejor -respondí-: me he dado cuenta de que los únicos a los que quería demostrarles mi verdadera fuerza... era a vosotros ocho.
Y así era. Por fin, después de tanto tiempo, podía centrarme en lo que me importaba.
Sólo cuando la gente comenzó a dispersarse decidí desviar mi atención hacia alguien ajeno al equipo, alguien a quien le debía por completo mi victoria: Ridley.
Estaba apartado, sentado en la colchoneta con la vista fija al suelo. No parecía estar muy lejos del lugar sobre el que había caído, así que me imaginé que llevaría allí solo desde su aterrizaje. Tenía el ceño fruncido y trazaba algo en el suelo con un palo; no reflejaba en su gesto ninguna pena por su orgullo herido, pero sí que tenía toda la cara de no haber tenido un buen día.
Aprovechando que ya no era el centro de atención, me acerqué a él como si temiera espantarlo.
-¿Ridley?
Él levantó la cabeza. Acababa de darme cuenta de que no sabía exactamente qué decirle.
-Esto...
Quise intentar algo, pero alguien me apartó de él con un empellón.
-¡¿Pero qué haces?! -recibí una voz-. Aléjate de nuestro capitan o te enteras, ¿me oyes?
Era Rex. No se parecía en nada a Ridley, pero se daba un aire a él. Me llegan a decir que era su primo y me lo habría creído.
Mystery también hizo acto de presencia, materializándose entre Ridley y yo, y con ella llegaron algunos más: el chico introvertido que les llevaba la munición para las pistolas, una chica con el pelo rosa y cara de pocos amigos...
El equipo D-32. Todos estaban allí.
No dije nada más. Me di media vuelta, levanté un brazo y me fui.
Sé lo que estáis pensando: que huí, que vi que me superaban en número y me fui por patas. Pero no era miedo lo que sentía: yo podría haber llamado a mi equipo en cualquier momento. Sin embargo...
Me fui porque algo en esa situación me provocó ternura y me hizo darme cuenta de que, al igual que me había pasado a mí, Ridley ya no tenía nada que demostrarme. Me fui porque, rodeado de todas aquellas personas, me pareció que Ridley, a su manera, sonreía.
"Ridley... pronto, en la maratón de Azuria, nos veremos de nuevo las caras".

111. Voces conocidas

Capítulo 111

Quería demostrar que no era débil; llevaba una semana con eso en la cabeza. Pero... ¿A quién se lo quería demostrar?
Bajé la espada lentamente y eché la vista atrás.
Etsu. Lo recordé de pie frente a mí en los entrenamientos tras mis muchas caídas de culo, aleccionándome para la batalla:
-Jumps, comprendo el por qué dejas fluir tu lado ofensivo, pero para luchar... hay que ser defensivo. Hay que saber defender lo que quieres, lo que pretendes demostrar. Si no luchas por lo que quieres, pelear no tiene sentido. Piensa bien: ¿qué es lo que quieres defender?
No supe responder en su momento, pero creía estar cerca de conocer la respuesta.
"Yo soy como soy. Lo que pasa es que hace falta conocerme para darse cuenta de que no soy lo que parezco".
Mia... Ya está; por fin lo tenía.
Yo, Eria Jumps, no necesitaba a nadie. Yo era fuerte, luchadora, y quien pensara lo contrario no me conocía. Sólo merecían una demostración de mi fuerza quienes estuvieran dispuestos a entenderme.
Las pantallas brillaron.
-No escuches a esa gente -escuché la voz Mia-. ¡Tú puedes, capi!
Todas las pantallas reaccionaron en cadena, mostrando la imagen de mi amiga. Una vez más, me habían impresionado, pero después de que consiguieran grabar por dentro el despacho del director, ver en un par de monitores el primer plano de Mia Blossom no se salía de lo habitual con lo que el equipo F-06 me solía sorprender.
Ridley se acercó a mí. Trató de acorralarme, pero yo lo evité.
-No necesitas atacar; sólo defender lo que te importa. ¡No te rindas, Jumps!
Giré con elegancia las muñecas para detener la lluvia de embestidas, recordando aquellos breves entrenamientos con Etsu.
-¡Venga, capitana! ¡Dale lo que se merece! ¡NO PUEDE CONTIGO!
Reí: era Delmet. Retrocedí y tiré aposta la espada; tenía un plan.
-Venga, Eria, que todos esos favores que hago por ti tienen que surtir efecto. ¡Déjalo en ridículo!
Atravesé la plataforma con un salto para confundir a Ridley, tal y como Teck me pedía.
-¡No te rindas, Eria! ¡Todos estamos contigo!
Me llené de confianza. Mirta me hacía sonreír.
-Demuestra la fuerza de tu espíritu y entonces ganarás esta batalla. ¡Resiste!
Inspiré dejando que las extrañas palabras de Imala me llegaran al alma, o eso pretendí.
-¡Eria Jumps, cómo mola, se merece una ola! ¡Tú me ayudaste y yo ayudo ahora!
Bobby...
-¡Ánimo!
El último fue Jetwick, sonriendo desde el monitor. Hasta él me había dedicado una palabra de tres sílabas.
Nos quedamos como pasmarotes sobre la plataforma.
-¿Has acabado de escuchar tonterías, Jumps? -me apremió Ridley.
-Eso parece -me encogí de hombros-. Sólo me queda una cosa por hacer.
Salté hacia atrás y, con la punta del pie, hice volar la espada de Ridley.
...eso.
Caí suavemente clavando una rodilla en el suelo. Me incorporé extendiendo el brazo, dejando que la espada de Ridley cayera sobre la palma de mi mano.
-Se acabó, Ridley.
Salté hacia atrás agarrando con fuerza la cuerda a mi espalda y me impulsé de vuelta hacia él.
"Se acabó".
Y Ridley, de un empujón en el hombro, desapareció de la plataforma, al mismo tiempo en el que una ovación despertó mis sentidos.
Había... había ganado.

110. Algo a lo que aferrarse

Capítulo 109

"Se acabó".
No podría volver a mi plataforma después de aquel salto. Si no quería perder, tendría que avanzar. O eso, o me quedaría a medias.
Tomé implulso, todo el que pude, y me hice un ovillo en el aire, pero ya era tarde para rectificar. El tiempo pareció detenerse. No llegaría. No podía llegar. ¡Pero tampoco podía pensármelo tanto, maldita sea!
En el aire, una liana rozó mi brazo, y entonces supe lo que tenía que hacer.
Con un violento giro, enredé mis brazos en la cuerda tratando de impedir la caída. El roce me arañaba los dedos, pero apreté los dientes.
Me encontraba trazando círculos en el aire. Perfecto: la inercia me daría la fuerza que necesitaba. Aproveché el impulso, esperé y me lancé, cubriéndome la cabeza.
Caí sobre la plataforma a trompicones, recibiendo golpes por todas partes y perdiendo la espada. Cuando ya parecía que iba a caer por el borde opuesto de la plataforma me detuve.
Oía comentarios, pero no escuchaba lo que decían. Parpadeé un par de veces; mi estado tras la caída debió de alertar a más de uno pero, aunque no me moviera, aún estaba dentro de la competición.
Me levanté poco a poco entre gritos de júbilo. Mi aterrizaje habría sido violento, pero sólo tenía un par de magulladuras. Además...
Abrí las palmas. Llevaba puestos los guantes negros de competición, y me habían dado suerte.
Salté hacia la espada y me coloqué en guardia. Ridley me contemplaba desde la otra plataforma; su forma de tensar los hombros me recordó a la de un gato enfurecido. Tomó carrerilla y, sin darme un sólo segundo de tregua, se me echó encima anteponiendo su espada. Recibí la primera estocada; aquel no era más que el principio de la peor parte del desafío.
A partir de aquel momento, todo fueron golpes. Un par en el costado, varios en los brazos... Ahora la estrategia de Ridley era cien por cien ofensiva. Ni con las protecciones encima los golpes dejaron de resultar dolorosos; resistir sería difícil. Sólo tenía una forma de responder: atacar igual que él.
Comencé a mover la espada a diestro y siniestro. No me acercaba ni de lejos al nivel de Ridley, pero algo haría. Golpe tras golpe, seguí agitando el brazo hasta que, milagrosamente, detuve uno de ellos.
Me mantuve firme. No podía creerlo; nadie podía. Le había parado una. A Ridley. Pero no era momento para celebraciones; empujé con toda la fuerza que me quedaba en los brazos, lo aparté de mí y me coloqué en guardia.
Los monitores parecieron echar chispas sobre mi cabeza. ¿De verdad me lo había imaginado?
Volví a esquivar. Esta vez, por cada golpe que recibía, me permitía a mí misma esquivar uno. Aguanté, esquivé, aguanté...
Nos detuvimos a tomar aire guardando las distancias. A mi alrededor, el mundo había enmudecido. Había mantenido el tipo después de una lluvia de mil espadazos, esquivado lo inevitable y saltado distancias con un impulso mínimo: estaban impresionados. No; necesitaba algo más.
"Pero, tarde o temprano, caerás".
No quedaba mucho para que llegara el golpe de gracia, lo presentía. Para colmo sentía que, por algún motivo, me comenzaban a fallar las piernas. ¿Sería por culpa de los golpes o se trataría de agotamiento mental? Probablemente... serían ambas cosas. Estaba tensa, empapada en sudor y me costaba normalizar la respiración.
"Tarde o temprano, caerás".
Qué va, no iba a caer. Para hacerlo... tendría que pasarme por encima.
Pero...
Firme como estaba, vi los bordes de la plataforma borrosos. Aguantaría, pero... ¿Hasta qué punto podría dar de mí... sin parecer débil?
Los monitores centellearon. Abrí los ojos; no lo sabía, pero estaba a punto de conocer la respuesta.

109. Plataformas de madera

Capítulo 109

Y, esos días, Etsu me ayudó. Entrenamos en algunos ratos libres, lo que me ayudaba a centrarme en vez de dispersarme. No hice grandes progresos, pero al menos utilizaba los entrenamientos para liberar tensiones. Hasta que...
Por fin había llegado el momento que tanto había estado esperando. Por fin...
Era hora de demostrarle a Ridley de lo que era capaz.
El desafío tuvo lugar a pleno día. Los rayos de sol se filtraban entre las ramas de los árboles, proyectando múltiples sombras sobre las plataformas que se cernían sobre nosotros.
Tres. Tres amplias plataformas cuadradas y de madera sin ninguna conexión entre ellas más que cuerdas colgantes dispuestas para utilizarse como lianas. Sólo árboles. Nada de acantilados. Nada de rocas.
El único lugar en el que encontré rocas fue en la pared de escalada que me llevaba hasta la primera plataforma. No eran naturales, por suerte.
Resoplé para liberar tensiones y comencé a subir con agilidad. Aunque estuviera hasta arriba de protecciones, mis facultades para moverme eran las de siempre.
Casco, coderas, muñequeras... pero no llevaba arnés, ni sujeciones, ni cuerdas. Quienquiera que cayera de los dos, no se vería frenado en el aire. Por lo menos los encargados habían tenido el detalle de cubrir el suelo con colchones inflables.
Conforme fui subiendo, la multitud que nos rodeaba fue aumentando en número y disminuyendo en tamaño. Eran muchos, muchísimos. ¿Cómo es que habíamos conseguido mover a tanta gente entre dos personas?
"Y toda esa gente piensa que tú eres una débil princesa".
No era momento para pensar. Ya lo había hablado con Etsu: tenía que mantener la concentración.
"Yo no soy débil".
Coloqué un brazo sobre la plataforma, acolchada por la parte de arriba. La espada se encontraba frente a mis ojos.
"Voy a demostraros a todos que no soy débil".
Pisé con fuerza, así la espada y la coloqué en horizontal frente a mis ojos.
"En especial... a ti".
Ridley. También iba hasta arriba de protecciones y ya se había hecho con su espada. Como era costumbre en él, no paraba de sonreírme como un sociópata.
"Ganará el último en caer. Voy a por ti, Ridley".
Y la bocina dio comienzo al desafío.
Lo primero que hico Ridley fue avalanzarse sobre mí. Sí que tenía ganas de venganza, sí: fue un ataque muy rápido que esquivé por los pelos.
Él siguió atacando sin darme apenas tiempo de reacción, golpeando mi espada para hacerme retroceder. Ganaba terreno muy rápido, pero yo no estaba indefensa.
Pasé bajo su espada rodando por el suelo hacia delante. Él corrió hacia mí, pero yo ya había saltado para cambiar de plataforma. Colgada de la liana, tracé un limpio semicírculo en el aire y me dejé caer con elegancia.
"Vaya, haces que parezca fácil. Me has impresionado, yo misma".
Pero Ridley seguía siendo muy rápido. Trató de derribarme balanceándose hacia mí sin soltarse de la liana; lo esquivé con un giro lateral, pero la gravedad me devolvió al rival en cuestión de segundos. Aprovechando el impulso, se soltó en marcha y volvió a atacarme. Paré su golpe, pero él continuó haciendo presión, y mis pies comenzaron a deslizarse hacia el borde. Quise mantenerme, pero pesaba muy poco, así que obligarme a moverme no era tarea difícil.
-Creo que ya podemos despedirnos, Jumps.
-Me parece a mí que no, rubio.
Di un espadazo en el aire para tentarlo a ponerse en guardia, corrí en su dirección y pasé por su lado, saltando a la plataforma enfente mía con una de mis volteretas. No utilicé las manos.
Escuché una ovación. Una voz cercana soltó una exclamación:
-¡...y salta sin utilizar las cuerdas! ¡Eria Jumps, capitana del equipo F-06, salta a la plataforma dos sin utilizar las cuerdas!
Miré a mi alrededor hasta encontrar su procedencia: un monitor ligeramente inclinado hacia el suelo, donde estaba el público.
Contemplé mi imagen en espejo; no era el único que habían colocado cerca de las plataformas: había, por lo menos, otros dos más.
-¿Tantas ganas tienes de huir?
Vuelta a la acción. Ridley saltó sobre mí y trató de arrastrarme con él; lo esquivé, corrí y salté a otra plataforma.
-¿Qué pasa, ¿Jumps?
Lo esquivé y volví a saltar.
-¿Tienes miedo?
Corrí, esquivé y salté.
-¿Aún sigues queriendo huir?
Jadeante, me detuve. Ridley tenía parte de razón; no podría estar esquivando sus golpes para siempre. Cuando él llegó a mi plataforma, yo no me moví.
-Así me gusta -sonrió-. Vaya, pareces cansada. Para poder bajar, vas a tener que pedirle a alguien que te rescaten ¿Necesitan que te rescaten?
El mundo tembló bajo mis pies. Quizás era sólo yo, pero me pareció sentirlo. Contuve aire y bajé el arma.
Todos estaban ahí abajo. Todos los que me veían débil, todos los que me creían indefensa, todos. ¿Y qué les ofrecía? Huir. Quería demostrarles algo, y sólo me estaba dedicando a huir.
Ridley levantó poco a poco su arma. Yo no quería huir. ¿Quién creían que era? ¡Yo no huyo de nadie!
Él atacó... pero yo corrí más.
Salté hacia él, dispuesta a embestirle con mi espada. Retiré el brazo...
Y él me esquivó, dejándome saltar al vacío.
-Qué poco ha faltado, Jumps -susurró al pasar por mi lado.
Y tan poco. Si no conseguía encontrar un agarre después de aquel salto, se acabó.